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Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, conocidos como CDC, informaron que el 35 por ciento de los adultos estadounidenses no duermen lo suficientemente bien.

Estudios indican que dormir menos de siete horas en las noches podría estar relacionado con el riesgo de obesidad, diabetes, presión arterial alta, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y angustia mental frecuente.

Trastornos del sueño en adultos mayores

Sin embargo, el problema aumenta a medida que la edad avanza. Las personas mayores y adultos necesitan dormir entre siete y nueve horas durante las noches, pero a medida que la persona se vuelve mayor, suele dormir menos, según el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento.

Ante esto, los problemas del sueño pueden aumentar con ciertos medicamentos, dolores en el cuerpo o al padecer una enfermedad.

Temperatura para dormir

“La mayoría de las investigaciones sobre los problemas del sueño se han centrado en factores físicos y conductuales, aunque el entorno es igualmente influyente, explicó en un comunicado de prensa el Dr. Amir Baniassadi del Instituto Hinda y Arthur Marcus para la Investigación del Envejecimiento”, explica nypost.com en su portal web.

Analizando casi 11 mil noches en 50 adultos mayores, se descubrió que el sueño es más reparador y eficiente cuando la temperatura del ambiente se ubica entre 68 grados Fahrenheit y 77 grados, según lo publicado por la revista Science of the Total Environment.

Cuando la temperatura aumentó de 77 F a 86 F, hubo una caída del 5 al 10 por ciento en la eficiencia del sueño.

Ambientes óptimos para dormir mejor

“Estos resultados resaltan el potencial de mejorar la calidad del sueño en los adultos mayores al optimizar los ambientes térmicos del hogar y enfatizar la importancia de los ajustes de temperatura personalizados según las necesidades y circunstancias individuales”, dijo Baniassadi.

“Hay beneficios para algunas parejas al dormir por separado”, dijo a CBS News la doctora Erin Flynn-Evans de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño. “Los estudios demuestran que cuando uno de los compañeros de cama tiene un trastorno del sueño, esto puede afectar negativamente al otro durmiente”.

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