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A cuatro años de declararse una pandemia de COVID-19 por la Organización Mundial de Salud (OMS), expertas salubristas en Puerto Rico que lideraron esfuerzos de vigilancia, detección e inmunización reflexionaron sobre los adelantos y las complicaciones que trajo el coronavirus.

Cuando estalló la crisis salubrista en marzo del 2020, junto con la renuncia del entonces secretario de Salud, Rafael Rodríguez Mercado, no había precedente por la novedad del virus en cuanto a rastreo de casos ni vacunación masiva, indicó la principal oficial médico del Departamento de Salud (DS), la doctora Iris Cardona Meaux. Explicó que, ante situaciones de emergencia, se busca fortalecer los “cuatro pilares” de respuesta: detección temprana, vigilancia, prevención y tratamiento.

Para atender los primeros dos pilares, Melissa Marzán Rodríguez, la principal oficial de Epidemiología, resaltó que se modernizó la infraestructura de salud pública, desde los sistemas de vigilancia y de recopilación de datos hasta la administración de pruebas y vacunas.

Una de las complicaciones en la coordinación de vigilancia involucró maniobrar dentro de un sistema de salud “fragmentado”, según Cardona Meaux. “Tienes un sistema de correo privado, hospitales privados, pocos hospitales públicos, laboratorios privados, laboratorios de salud pública [y] entonces, lograr la integración del reporte”, elaboró.

Marzán Rodríguez también recordó que, previo a esta emergencia, la vigilancia y la recopilación de datos se realizaban a papel o por facsímil, hasta que se desarrolló la plataforma digital BioPortal como reacción ante la epidemia del Zika en 2016 y que todavía se utiliza para someter resultados de pruebas de COVID-19.

“Se hizo toda una renovación de sistemas de vigilancia que, por muchos años, a lo mejor, ni siquiera la gente conocía que esos sistemas de vigilancia estaban allí”, sostuvo la epidemióloga del Estado, al abordar también los esfuerzos de detección de dengue luego del huracán Fiona en 2022.

Según la epidemióloga, el reto actual es que “sea sostenible a través del tiempo” porque la respuesta salubrista depende de esos hallazgos.

También se dependía de la eficacia de sistemas nacionales para detectar el coronavirus en las pruebas sometidas a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés). Como la organización tampoco tenía ‘técnicas validadas’ cuando comenzó la pandemia, podían tardar una semana en recibirlos, contó la principal oficial médico. “Ahora podemos hacer pruebas en 15 minutos”, destacó.

Cuando concluyó la emergencia y aumentó la disponibilidad de pruebas caseras, ambas funcionarias reconocieron que se redujo la cantidad de pruebas moleculares reportadas, que se usan para medir la tasa de positividad. Sin embargo, aún usan esta medida para comunicar el nivel de transmisión (bajo, moderado, sustancial o alto) de contagios porque “la gente lo entiende”, dijo Marzán Rodríguez. “Bajo ese sistema, estamos casi todo el año siempre en alto nivel de transmisión. Entonces, ¿cómo llevo el mensaje a la gente de que la semana pasará a alto nivel de transmisión con 300 casos y que también es alta transmisión cuando tengo 1,500 casos diarios? Los dos son altos, pero hay otro que representa un problema mayor”, estipuló.

La epidemióloga adelantó que buscan implementar un canal endémico — una representación gráfica de las frecuencias de la enfermedad — para monitorear los casos y comunicar el riesgo efectivamente. “Nuestra intención es podernos mover a lo que sería ya el sistema tradicional de monitoreo de una enfermedad porque la realidad es que ese sistema de las cuatro clasificaciones cerró el día que cerró la emergencia”, declaró.

Baja participación para vacuna actualizada

Según datos del DS, solo 90,773 personas, que representan 2.78 % de la población, se han administrado la vacuna actualizada, lo que la doctora Carmen Zorrilla atribuyó al cierre de ubicaciones estratégicas de inmunización y la subestimación de síntomas.

Zorrilla, quien colaboró con la organización VOCES: Coalición de Vacunación de Puerto Rico para coordinar esfuerzos de inoculación, abordó que, contrario a las primeras vacunas, esta última dosis inmuniza contra la variante más reciente. “Si no la tienes (la vacuna actualizada), no estás cubierto actualmente”, expuso.

La también catedrática en ginecología y obstetricia en el Recinto de Ciencias Médicas (RCM) de la Universidad de Puerto Rico (UPR), lamentó que se redujo, en colectivo, la preocupación por la enfermedad, aunque persisten los contagios. “En estos cuatro años, bajó la preocupación y el interés, y llegamos al punto en que no hay pandemia; solo hay casos reportados. Seguimos con positividad, personas infectándose y muriendo de COVID. Nuestra comunidad se cansó o no estamos hablando de las vacunas o de la necesidad de vacunación”, expuso.

La galena recordó que la primera ronda de vacunas, lanzadas en 2021, se dirigía a trabajadores de salud y personal hospitalario o personas que ofrecen servicios directos a pacientes. En fases siguientes, se incorporaron los adultos mayores, menores y estudiantes, hasta hacerla disponible al público general.

Además se realizaron eventos de vacunación masiva en centros comerciales, que según Zorrilla, podrían ser una opción para aumentar la concurrencia de vacunas actualizadas administradas. No obstante, Cardona Meaux indicó que, tras finalizar la emergencia, se revierte a los sistemas tradicionales de vacunación, por lo que una actividad masiva implicaría conseguir proveedores privados y otros que acepten Plan Vital.

Las personas que deseen vacunarse pueden realizarlo a través de su plan médico en centros de vacunación designados o farmacias de cadena y de comunidad, comentó Cardona Meaux. “Los números nos dicen que la población más vulnerable es la población de adulto mayor. Ese es el esfuerzo en el cual estamos concentrados en vacunación”, agregó la principal oficial médico.

Joaquín A. Rosado Lebrón cubre salud para Metro Puerto Rico a través del programa Report for America.



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