El maestro Bobby Valentín compartió recuerdos profundamente humanos que trascendieron la música y se conectaron con la memoria colectiva de muchas familias puertorriqueñas: la de levantarse temprano a trabajar y la comida sencilla que ayudó a sostener el hogar.
En medio de la emoción por recibir un doctorado honorífico en música otorgado en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, el músico relató los años de su niñez en un entorno de recursos limitados, donde cada centavo tenía valor y cada comida representaba una oportunidad para continuar adelante.
Recordó que desde pequeño asumió responsabilidades para ayudar en su hogar, vendiendo chicles en el cine y limpiando zapatos, tareas que le permitían reunir lo necesario para subsistir.
“Vendía chicles en el cine y los vendía a cinco centavos. Brillaba 14 o 15 pares de zapatos y cobraba cinco centavos cada uno”, relató al describir las labores que realizaba siendo apenas un niño.
En ese contexto, la comida adquirió un significado especial. No era solo un alimento, sino un premio al esfuerzo diario y una motivación para seguir luchando.
Bobby recordó con claridad los almuerzos que podía comprar con lo poco que ganaba ayudando a su tía en una tienda, una experiencia que hoy revive con gratitud y nostalgia.
“Ella me daba una peseta para que yo fuera a almorzar una mixta. En aquel entonces, lo que conocemos como comida, arroz y habichuelas, carne y un canto de pan por un plato así”, expresó, evocando la sencillez de aquellos platos que le permitieron continuar su camino.
El recuerdo de esas comidas sencillas revela una dimensión íntima de su historia, la de un niño que aprendió a valorar cada bocado y cada oportunidad.
En su relato, el maestro dejó claro que aquellos platos tan comunes en la mesa puertorriqueña, representaban mucho más que nutrición; eran un símbolo de perseverancia y de esperanza.
“Pero nada duraba dos semanas”, añadió, al referirse a los periodos en que el dinero apenas alcanzaba, pero la determinación nunca faltaba.
Hoy, décadas después, Bobby Valentín es reconocido como una figura fundamental de la música puertorriqueña. Sin embargo, su historia demuestra que detrás del éxito hay recuerdos de mesa humilde, sabores sencillos y enseñanzas que permanecen intactas con el paso del tiempo.
Su excelsa trayectoria es un vivo ejemplo que los grandes sueños también se alimentan de los platos más simples y la voluntad de seguir adelante.



