Thursday, January 15, 2026
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Sin calefacción y a temperaturas extremas, Kiev cambia de hábitos para seguir funcionando


Kiev invierno
Una mujer trabaja este jueves, con su ordenador portátil en la carpa inspirada en las viviendas tradicionales de los nómadas de Asia Central que la comunidad kazaja de Kiev ha habilitado para ofrecer suministro eléctrico durante los apagones provocados por los bombardeos rusos. EFE/ Marcel Gascón (EFE)

Dos ataques masivos contra el sistema energético ucraniano lanzados por Rusia en el período más frío del año han dado al traste con la ya precaria normalidad a la que se habían acostumbrado los habitantes de Kiev, que se ven obligados a salir de casa para trabajar, calentarse y cargar sus móviles al haberse agravado el déficit de suministro por los bombardeos.

Sin apenas calefacción, con cortes de agua y a oscuras durante la mayor parte del día por los daños que esta oleada de misiles y drones enemigos ha causado en subestaciones y centrales eléctricas, los residentes en Kiev ya no pueden organizarse según los horarios de apagones programados repartidos por barrios válidos hasta ahora.

“Desde el viernes no tengo calefacción. La temperatura dentro de casa es de unos 46.4 °F y sólo tengo dos horas de electricidad al día. También tenemos problemas con el agua. ¡Lo único que tenemos es gas!”, dice a EFE Anna Bezpala.

Bezpala ha dejado de acudir a su trabajo en una empresa farmacéutica en Kiev para atender a su hijo de tres años, cuya guardería ha cerrado estos días como muchas escuelas de la capital ucraniana al no tener calefacción.

Ucrania Anna Bezpala y su hijo Dima
Anna Bezpala y su hijo Dima este jueves, en el camión-caravana de una de las comunidades judías de Kiev que ofrece electricidad y un espacio cálido durante los apagones y los cortes de suministro por los bombardeos rusos. (EFE)

El ‘mitzvá tank’

Para entretener a su hijo y mantener el ordenador cargado mientras trabaja a distancia, Bezpala ha encontrado un aliado inesperado: el ‘mitzvá tank’ de una de las comunidades judías de Kiev.

Diseñado en la década de 1970 en Nueva York por Jabad Lubavitch, este híbrido de camión y furgoneta funciona normalmente como una especie de sinagoga ambulante en la que este movimiento jasídico ofrece a judíos generalmente laicos la oportunidad de rezar o estudiar la Torá en cualquier parte de la ciudad.

El ‘mitzvá tank’ (‘mitzvá’ significa mandamiento en hebreo) operado por la comunidad judía de Kiev que lidera el rabino Moshe Azman ha sido utilizado desde el comienzo de la guerra para diversas labores humanitarias.

El camión ha estacionado este jueves en una acera del bulevar en el que está el estadio Olímpico, y allí pasan el día —ella trabajando y él jugando con los voluntarios responsables del vehículo— Anna Bezpala y su hijo Dima.

“En Kiev las condiciones son difíciles en todas partes. Creo que lo mejor será que nos vayamos una semana o dos a Kirovograd con mis padres, allí tienen una casa y es más fácil de calentar que un apartamento en un bloque”, dice sobre una posibilidad de salir temporalmente de la capital que ya fue sugerida a sus habitantes por el alcalde, Vitali Klichkó, cuando la magnitud de la crisis empezó a ser evidente, el pasado viernes.

Sin calefacción y a temperaturas extremas, Kiev cambia de hábitos para seguir funcionando
Los voluntarios de la comunidad judía de Kiev Glenn Kolleeny y Ruven Gabrovoy, este jueves, delante del camión-caravana en el que ofrecen electricidad y un espacio cálido durante los apagones y los cortes de suministro por los bombardeos rusos. EFE/ Marcel Gascón (Marcel Gascón/EFE)

Junto a un chófer de camión retirado que trabajó en España y un joven judío de Kiev cuyo entusiasmo le hace olvidarse poner la chaqueta pese a que el termómetro marca fuera 8.6 °F, atiende el ‘mitzvá tank’ un abogado y profesor de derecho retirado de EE.UU., Glenn Kolleeny, que ha venido a Ucrania para hacer de voluntario durante la guerra.

“Intentamos ayudar a la gente y que puedan cargar los teléfonos, hablar con alguien, sentarse un rato en un lugar cálido”, dice a EFE Kolleeny, que calcula en una treintena el número de personas que han pasado este jueves por el vehículo.

“Puntos de invulnerabilidad”

En edificios públicos de todos los barrios de la ciudad, las autoridades habilitan espacios comunes donde los vecinos pueden beber té caliente, cargar sus dispositivos, conectarse a internet y alternar con otra gente.

Uno de estos “puntos de invulnerabilidad”, como de forma un tanto ampulosa los ha bautizado el Gobierno, tiene forma de yurta —la vivienda portátil de los pueblos nómadas de Asia Central— y ofrece a los visitantes pan tradicional kazajo.

La “yurta de invulnerabilidad” está en el parque Shevchenko y es una iniciativa del diputado ucraniano Serguí Nagorniak, que preside el grupo parlamentario de amistad con Kazajistán, y del empresario kazajo Daulet Nurzhánov.

Bajo el techo abombado y las paredes de tela con cenefas orientales de la yurta muchos ucranianos encuentran algo de calor y la electricidad que necesitan para trabajar en sus ordenadores durante los apagones.

El cambio de hábitos impuesto por esta nueva escalada de las tácticas rusas de castigo a la población civil es evidente también en cafeterías y restaurantes de comida rápida, donde es más difícil encontrar mesa y son más populares que nunca las que están cerca de los enchufes.

Para quienes sí tienen un lugar físico de trabajo, la jornada laboral es a veces una bendición. “Estoy más horas que nunca en el trabajo porque al estar al lado del metro tenemos siempre electricidad. En casa no hay luz ni nada con lo que calentarme”, dice a EFE la dueña de una peluquería unisex situada a la salida de la estación de metro de Cherníguivska.

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