Monday, January 19, 2026
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Venezuela, Cuba y Groenlandia


Héctor Ríos Maury

Luego de la resonante captura de Nicolás Maduro en Caracas, el presidente Donald Trump ha hecho referencias a posibles intervenciones estadounidenses en Groenlandia y Cuba.

Para llegar exitosamente a Cuba, en donde tratará de dar una estocada final a la agónica dictadura, Trump, además de tratar de ganar las luchas políticas internas ante el Congreso y de sortear los retos internacionales que esa acción conllevaría, no puede darse el lujo de, en Venezuela, fracasar en la fase actual de estabilización política para alcanzar con acierto a la próxima etapa de apertura de la economía venezolana y de sustanciales inversiones en ella, priorizando en su alicaída industria de petróleo. Es esa una movida indispensable para consumar una transición hacia la democracia.

El actual intento de estabilización está fundamentado en su pacto con Delcy Rodríguez y su hermano Jorge, los líderes chavistas que negociaron con Trump la entrega del narco-dictador Maduro. Para el éxito de su estrategia necesita de las petroleras estadounidenses e internacionales, a las que quiere convencer de que inviertan alrededor de 100 mil millones de dólares para restaurar una industria que fue devastada y saqueada por el chavismo. No será fácil que lo hagan sin amplias protecciones ni condiciones adecuadas, y para ello, aunque Delcy Rodríguez hoy garantiza cierto orden, es también una seria interrogante.

Fue la hoy “presidenta encargada” Delcy Rodríguez una de las principales responsables de PDVSA durante los recientes años de su derrumbe, que, según un estudio de Transparencia Venezuela, costó alrededor de 42 mil millones de dólares y redujo su producción de 3 mil quinientos millones de barriles diarios a poco más de 900 mil. Este hecho fue un factor determinante para el colapso económico del chavismo, sobre todo a partir de 2013 (antes del comienzo de las sanciones contra el régimen), que desde entonces provocó en Venezuela la más grande reducción del PIB en la historia reciente de la humanidad, de alrededor del 75 % de lo que producía en 2013, mayor incluso que el 66% de la contracción de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial y mucho más que el 13% de disminución de la producción económica que promedian las economías de los países que han participado de guerras internacionales en los últimos 75 años. Este desastre fue punto cardinal de la devastación económica causada por chavismo sobre la economía venezolana, que fue peor que una guerra y produjo el éxodo de más de 8 millones de venezolanos.

A este pobre historial gerencial de Delcy, se une el hecho de que su hermano Jorge Rodríguez, líder del Congreso, fue uno de los artífices intelectuales de los varios fraudes electorales cometidos por el chavismo, el más reciente en julio de 2024.

Además, al régimen de Chávez y Maduro hay que agregarle, según entidades como PROVEA, Amnistía Internacional y Human Rights Watch: más de 10 mil muertes, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales, masivos encarcelamientos de opositores , miles de expropiaciones empresariales, cierres de cientos de medios de comunicación, la contundente evidencia expuesta en el pliego acusatorio de la fiscalía de Nueva York contra el capturado dictador (y en otros documentos) sobre sus acciones de narcotráfico y de apoyo a grupos terroristas como Hezbolá y Hamás. Y su respaldo a la invasión rusa de Ucrania y al sanguinario gobierno de Irán.

Todo esto expone las debilidades políticas de los hermanos Rodríguez, que, sin embargo, dentro de las enredadas luchas de poder, actualmente juegan un rol necesario en los procesos de transición post Maduro. Ese rol podría enfrentarlos a otras facciones, y a otros dirigentes chavistas como Diosdado Cabello, cuya captura sería recompensada en 25 millones de dólares.

En este conjunto de luchas, intereses y correlaciones, las petroleras necesitan no solo estabilidad inicial, sino que, además, (y ya sus líderes lo han expresado), requieren confiabilidad de mediano y largo plazo que es cuando podrían recuperar sus inversiones económicas. Y para eso, Trump, que luce más enfocado en sus intereses de poder y de control petrolero que en los derechos civiles y en la democracia, no debe excluir del tablero de ajedrez político a la líder de la oposición democrática venezolana María Corina Machado y a su movimiento y aliados.

Por su parte, la valiente Premio Nobel (que tiene el respaldo de la inmensa mayoría del pueblo venezolano) para complementar y fortalecer su bien ganado prestigio mundial y aumentar su capacidad de negociación e influencia, debe hacer más visible el arraigo con el que cuenta dentro de las estructuras institucionales, militares y de seguridad venezolanas. La reciente y productiva reunión entre Machado y Trump fue un paso hacia esa finalidad.

En todo ese conjunto de correlaciones, los Rodríguez, para mantenerse en el poder más allá de los 6 meses temporeros que dispone la constitución intentarán dilatar la celebración de unas nuevas elecciones porque saben que las ganaría claramente la señora Machado. En esa dirección y en el marco de las negociaciones tratarán de ganar tiempo hasta ver si Trump y sus partidarios pierden las elecciones de medio término del próximo noviembre.

Trump por su lado, para capitalizar políticamente, debe asegurarse de que el arresto de Maduro produzca justicia, y verdaderos beneficios políticos y económicos para Venezuela y para Estados Unidos. De lo contrario verá muy debilitada su agenda de optimizar la influencia estadounidense en Latinoamérica y para continuar enfrentándose a China su poderosa rival mundial. Y tendrá también que olvidarse de Groenlandia, en donde enfrenta un escenario jurídico y político más difícil aún que en Venezuela y Cuba.

Sobre este asunto de Groenlandia, a pesar del tono hegemónico con el que habla de ese tema, Trump tendrá que buscar vías diplomáticas (lentas y complejas) para adelantar su casi imposible a corto plazo, agenda de anexión. Deberá reorientar sus tácticas hacia nuevos acuerdos militares y económicos con Groenlandia y Dinamarca, y hacia nuevas consultas políticas con los groenlandéses. Y es que, una intervención militar en ese territorio danés provocaría la destrucción de la OTAN y constituiría el más grave error de estrategia geopolítica de los Estados Unidos en su historia.

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