Ante iniciativas impulsadas desde Washington y La Fortaleza que, según la organización, encarecen y limitan el acceso a la energía renovable, Casa Pueblo presentó un modelo alternativo de desarrollo energético basado en redes de microrredes solares comunitarias como vía hacia una transición energética “justa” en Puerto Rico.
Desde Adjuntas, la organización sostuvo que las políticas públicas actuales promueven una mayor dependencia del gas metano, propuestas de gasoductos, cables submarinos, el impuesto al sol y la eliminación de subsidios para sistemas solares, lo que, a su juicio, perpetúa un modelo energético “dañino y extractivista” que ha llevado al país a una situación de precariedad.
Casa Pueblo recordó que desde 1999 ha apostado por la energía solar, evolucionando de instalaciones individuales a microrredes comunitarias, y que actualmente propone escalar ese modelo a ecosistemas de redes interconectadas. Según la entidad, esta alternativa es “la opción más viable, rápida, costo efectiva, ética y sostenible para alcanzar la independencia energética”.
“La solución a un problema colectivo, también es colectiva. El desarrollo de ecosistemas de redes de microrredes solares comunitarias es la opción más viable, rápida, costo efectiva, ética y sostenible para alcanzar la independencia energética”, indicó la organización en su comunicación.
El planteamiento se desarrolla desde el Laboratorio Comunitario para la Transición Energética de Casa Pueblo, descrito como un centro de investigación no tradicional que integra formación técnica, investigación aplicada, innovación, intercambio de saberes y soberanía del conocimiento, con potencial de replicarse en todo el archipiélago.
Durante la presentación del modelo, el director ejecutivo de Casa Pueblo, Arturo Massol Deyá, explicó que la propuesta busca ir más allá de los sistemas solares individuales existentes en el país.
“Estamos proponiendo subir de escala y evolucionar de las instalaciones solares independientes, que superan las 200 mil en todo el país, a comunidades energéticas de casas con y sin paneles solares. Ya sabemos que los sistemas individuales ofrecen un buen vivir. Con el ecosistema de redes de microrredes tendríamos un buen convivir”, sostuvo Massol Deyá.
Como parte de la demostración, el ingeniero electricista e investigador Maximiliano Ferrari Maglia presentó una prueba de concepto sobre la interconexión de microrredes solares mediante un sistema conocido como “orquestador”, una tecnología que permite el intercambio multidireccional de energía entre comunidades, rompiendo con el modelo tradicional de transmisión unidireccional.
Durante el ejercicio, la microrred de Casa Pueblo y la microrred de la Plaza de la Independencia Energética intercambiaron energía para demostrar cómo pueden apoyarse en situaciones de emergencia o apagones masivos.
“La microrred de Casa Pueblo es crítica, así que estabilizarla es un asunto prioritario. Sin embargo, a futuro procuramos un beneficio común mayor. Queremos determinar cómo podemos hacer el mejor uso de la energía disponible para poder apoyar a otras personas. Por ejemplo, en caso de un apagón, si tuviéramos un excedente podríamos expandir y llevarle energía a residencias de la periferia”, explicó Massol Deyá.
Según Casa Pueblo, las microrredes solares comunitarias reducen la vulnerabilidad del sistema eléctrico al acercar la generación al punto de consumo, disminuyen los apagones, reducen la factura eléctrica al eliminar costos de combustible y protegen a las comunidades del vaivén de precios y disponibilidad de combustibles fósiles. Además, destacan que se trata de una solución modular, de rápida implementación y con capacidad de expansión progresiva.
La organización también contrastó el modelo comunitario con iniciativas gubernamentales basadas en combustibles fósiles, señalando que “caro e inestable es el contrato de $20 mil millones para la compra de gas que le quisieron atosigar al país”.
El impacto del modelo ya se refleja en comercios y residencias de Adjuntas. Nicky Vázquez, dueño de La Conquista Laundry, conectado a una microrred desde mediados de 2025, reportó una reducción significativa en su factura eléctrica.
“Luego del huracán María di servicio, pero a un alto costo, porque tenía que usar generador. Y antes de la energía solar también tuve pérdidas de equipos por las fluctuaciones de voltaje. Ahora tengo estabilidad, no me quedo sin energía y puedo continuar dando servicio”, indicó Vázquez.
Asimismo, la vecina Miriam Torres Arce relató cómo la integración de su residencia a la microrred ha cambiado su experiencia durante eventos atmosféricos.
“Antes, durante los huracanes, me sentía nerviosa, inquieta y asustada porque no teníamos energía solar, pero ahora estoy relajada y tranquila porque siempre tengo luz, que es lo más importante en este momento de nuestras vidas”, manifestó.
Massol Deyá concluyó que la inversión pública debe dirigirse a modelos energéticos comunitarios como el que desarrolla Casa Pueblo.
“Nosotros estamos diciendo que donde tienen que invertir para atender el problema energético es en soluciones como esta, que se pueden reproducir y responden a los verdaderos intereses de nuestra gente. El Laboratorio es la ruta a seguir y hay que fortalecerlo. Lo que no ha hecho el gobierno, lo estamos haciendo en nuestro laboratorio nacional”, puntualizó.
