

El encendido de la llama en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026 no solo marcó el inicio oficial de la justa invernal, sino que presentó al mundo uno de los símbolos más elaborados y cargados de significado de la ceremonia: dos pebeteros gemelos, concebidos como una obra donde convergen arte, ciencia, historia y tecnología italiana.
Diseñados por Marco Balich, uno de los creativos más influyentes en ceremonias olímpicas, los pebeteros fueron pensados como una representación viva del concepto central de estos Juegos: la armonía. Ambas estructuras, una en Milán y otra en Cortina d’Ampezzo, simbolizan la unión entre la ciudad y la montaña, dos mundos distintos conectados por una misma llama.
¿Cuál es la referencia histórica del pebetero?
Visualmente, el pebetero adopta la forma de una esfera solar, construida con aluminio aeronáutico y compuesta por una compleja red de nudos geométricos que remiten directamente al legado de Leonardo da Vinci, específicamente al llamado “nodo vinciano”, patrón recurrente en los estudios del genio renacentista.
El Nudo Vinciano tiene su origen en los estudios geométricos de Leonardo da Vinci durante el Renacimiento, particularmente en sus manuscritos y bocetos ornamentales de finales del siglo XV. Da Vinci utilizaba estos entrelazados infinitos en diseños decorativos, estudios matemáticos y ejercicios simbólicos para representar la continuidad, el orden natural y la interconexión de todas las cosas.
A diferencia de un nudo tradicional, el vinciano no tiene principio ni fin, una idea que hoy se refleja en el pebetero olímpico como metáfora de la eternidad del espíritu deportivo y la unión entre pasado, presente y futuro.

Más allá de lo estético, la estructura es dinámica: el diámetro del pebetero se expande de 3.1 a 4.5 metros, abriéndose y cerrándose como una flor o siguiendo el ritmo del movimiento del sol. Este gesto simboliza el ciclo de la vida, la energía y el paso del tiempo, mientras la llama olímpica permanece protegida en el núcleo, como un tesoro resguardado por la geometría y el ingenio humano.
La complejidad técnica detrás del diseño es tan impresionante como su carga simbólica. El mecanismo que permite este movimiento incorpora 244 puntos de pivote y más de 1,400 componentes, todos sincronizados para crear una sensación orgánica y fluida. No se trata solo de un contenedor de fuego, sino de una escultura viva que respira al ritmo del olimpismo.
Así, el pebetero de Milano-Cortina 2026 se convierte en mucho más que un elemento ceremonial. Es una declaración de identidad cultural, un homenaje al pensamiento renacentista italiano y una metáfora perfecta del espíritu olímpico: tradición e innovación entrelazadas, como los nudos que custodian la llama destinada a unir al mundo.
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