¿Somos realmente adictos a Instagram? Esa es la gran pregunta que hoy se debate en tribunales de Estados Unidos. Adam Mosseri, director de Instagram, declaró bajo juramento que no cree que los usuarios puedan ser “clínicamente adictos” a la aplicación. Sus palabras llegan en medio de un juicio histórico que podría redefinir la responsabilidad legal de las grandes plataformas digitales.
El debate sobre la adicción a redes sociales dejó de ser una simple conversación de sobremesa y ahora está en manos de la justicia. Esta semana, Adam Mosseri, jefe de Instagram, testificó en un juicio contra Meta y YouTube, en el que una joven de 20 años sostiene que estas plataformas diseñaron funciones intencionalmente adictivas que afectaron su salud mental cuando era menor de edad.
Según reportes de medios estadounidenses que cubren el caso, Mosseri aseguró que no considera que los usuarios sean “clínicamente adictos” a Instagram. Es decir, desde su postura, el uso intenso de la aplicación no necesariamente encaja en criterios médicos de adicción.
Pero aquí es donde la conversación se pone incómoda.
¿Instagram genera adicción clínica o uso compulsivo?
El término “adicción” tiene implicaciones médicas claras. Organismos como la Organización Mundial de la Salud han reconocido trastornos relacionados con videojuegos, pero el debate sobre redes sociales sigue abierto en la comunidad científica.
Sin embargo, múltiples estudios académicos han vinculado el uso excesivo de redes sociales con ansiedad, depresión y baja autoestima, especialmente en adolescentes. Aunque eso no equivale automáticamente a “adicción clínica”, sí plantea preguntas sobre el diseño de estas plataformas: notificaciones constantes, scroll infinito y algoritmos personalizados que buscan maximizar el tiempo de permanencia.
La demanda actual —la primera de más de 1.500 casos similares en llegar a juicio— podría sentar un precedente clave: ¿pueden las empresas tecnológicas ser responsables por el impacto en la salud mental de los jóvenes?
El trasfondo humano del juicio contra Meta
Más allá del debate legal, el caso tiene un componente profundamente humano. Afuera del tribunal, familiares de jóvenes que, según denuncian, sufrieron daños relacionados con el uso de redes sociales se congregaron para exigir respuestas.
Entre ellos estuvo Julianna Arnold, madre de una adolescente que falleció tras contactar a un hombre mayor a través de Instagram. Su testimonio recuerda que esta discusión no es solo tecnológica o jurídica, sino emocional y social.
