Durante años, era un viaje diario a McDonald’s para tomar una taza de café con 10 sobres individuales de azúcar y cinco de crema. Más tarde, eran caramel macchiatos de Starbucks con leche de almendras y dos dosis de jarabe.
El café ha sido un ritual matutino para Chandra Donelson desde que tuvo edad suficiente para beberlo. Pero, desanimada por el alza de los precios, la mujer de 35 años de Washington, D.C., hizo lo impensable: lo dejó.
“Lo hice a diario durante años. Me encantaba. Esa era mi rutina”, comenta. “Y ahora ya no lo es”.
Años de aumentos constantes en el precio del café han llevado a algunos en este país de amantes del café a cambiar sus hábitos: eliminan las visitas a cafeterías, se pasan a preparaciones más baratas o lo dejan de tomar por completo.
Los precios del café en Estados Unidos subieron un 18,3% en enero respecto de hace un año, según el más reciente Índice de Precios al Consumidor publicado el viernes. En cinco años, informó el gobierno, los precios del café aumentaron un 47%.
Ese incremento extraordinario ha llevado a algunos a tomar medidas extraordinarias.
“Antes pensaba: ‘No hay manera de que pueda pasar el día sin café’”, comenta Liz Sweeney, de 50 años, de Boise, Idaho, una ex “adicta al café” que ha reducido su consumo. “Ahora mi auto ya no va en piloto automático”.
Sweeney solía tomar tres tazas de café al día en casa y pasar por una cafetería cada vez que salía. Sin embargo, a medida que los precios subieron el año pasado, dejó de ir a las cafeterías y redujo su consumo a una taza al día en casa. Para compensar la cafeína, abre una lata de Diet Coke en casa o pasa por McDonald’s para comprar una.
Dan DeBaun, de 34 años, de Minnetonka, Minnesota, también ha recortado sus visitas a cafeterías, consciente del gasto creciente en un momento en que él y su esposa ahorran para comprar una casa.
“Lo que antes era un café de 2 dólares, ahora es de 5 o 6 dólares”, señala DeBaun, quien ahora compra café molido en Trader Joe’s y llena un vaso térmico para llevarlo a la oficina.
Datos de Toast, una plataforma de pagos utilizada por más de 1500.00 restaurantes, revelan que el precio mediano de un café caliente regular en Estados Unidos había subido a 3,61 dólares en diciembre, con una amplia variación según el lugar. El precio mediano de los cold brews fue de 5,55 dólares.
Prácticamente todo el café que se consume en Estados Unidos es importado. Aunque los aranceles afectaron algunas importaciones de café en 2025, finalmente se eliminaron. Se culpa a problemas climáticos —sequía en Vietnam, lluvias intensas en Indonesia y clima caluroso y seco en Brasil— de reducir los rendimientos de los cultivos de café y elevar los precios globales.
Dos tercios de los estadounidenses beben café a diario, según la Asociación Nacional del Café. Para muchos, es una parte tan indispensable de su rutina que el alza vertiginosa del precio no ha provocado más que quejas.
La asociación del café afirma que sus encuestas muestran que el consumo de café, en términos generales, se mantiene estable pese a los aumentos de precios. Pero, presionados por el costo de todo, desde el alquiler hasta la carne de res, otros están cambiando su hábito.
Sharon Cooksey, de 55 años, de Greensboro, Carolina del Norte, visitaba su Starbucks local la mayoría de las mañanas entre semana para tomar un latte de caramelo, hasta que redujo el gasto el año pasado. Primero, se pasó a preparar Starbucks en casa. Luego, descubrió que el café Lavazza era alrededor de un 40% más barato y cambió a esa marca.
“¿Puedo comprar una bolsa de café por 6 dólares?”, se dijo a sí misma. “Fue como si acabara de descubrir otro mundo. Se me abrió el multiverso en el pasillo del café de Publix”.
También ha notado que el costo de lo que prepara en casa ha subido un poco, pero no es nada comparado con su hábito de ir a la cafetería. Una bolsa de granos que le dura semanas le cuesta aproximadamente lo mismo que un latte.
Cooksey extraña el aspecto social de visitar la cafetería, donde los baristas la saludaban por su nombre. Pero le ha sorprendido descubrir que, en realidad, prefiere el sabor de los cafés que prepara en casa.
“Me condenarían si no supiera tan bien”, dice ella.
Al crecer, Donelson miraba con envidia cómo su madre hacía una salida diaria por café (también a McDonald’s, también con 10 sobres de azúcar y cinco de crema), y ella replicó el hábito. Pasó de la universidad a la Fuerza Aérea y luego a un empleo gubernamental como estratega de datos e inteligencia artificial, pero en todo ese tiempo el café siempre estuvo presente.
Notó el aumento del costo de su rutina, pero la mantuvo hasta que un cierre del gobierno detuvo sus cheques de pago el otoño pasado y necesitó recortar gastos. En busca de un sustituto matutino, se decidió por una mezcla de Republic of Tea con un buen chorro de miel.
“Veinte centavos por taza frente a 7 u 8 dólares por taza”, afirma. “Las cuentas simplemente cuadran”.
