Thursday, February 26, 2026
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La logística del estancamiento: por qué no se mueve la línea de producción en el gobierno


Luis Yordán + columnista

En cualquier planta de manufactura industrial, si el gerente anuncia que tiene toda la materia prima en el almacén y el capital aprobado para la producción, pero la línea de producción no se mueve, el diagnóstico es inmediato: hay un fallo crítico en el diseño del proceso o un cuello de botella logístico que está estrangulando la operación. Puerto Rico, en su proceso de reconstrucción, se encuentra exactamente en ese punto de parálisis operativa.

Recientemente, un medio local de negocios ha resaltado una realidad alarmante: Puerto Rico tiene acceso a una cantidad histórica de fondos federales destinados a la infraestructura, pero la ejecución real es mínima. Por su parte, otro rotativo del país ha recogido las expresiones de diversos sectores que apuntan a que el dinero está “atrapado” en procesos burocráticos y en una falta de coordinación estatal. Esto es como tener el combustible (los fondos) para arrancar, pero el motor (el gobierno) del vehículo está trancado por falta de lubricación administrativa.

En la ingeniería de procesos, cuando una secuencia de pasos no produce el resultado esperado, no se añade más materia prima; sino que se rediseña el flujo del proceso. El error de las administraciones pasadas ha sido creer que el problema se soluciona con más anuncios de asignaciones millonarias, efectivamente “tirándole dinero al problema”. No se han dado cuenta que el problema real es que el ‘layout’ gubernamental de Puerto Rico es obsoleto. Estamos intentando procesar una reconstrucción del siglo 21 con una maquinaria burocrática del siglo 19.

La visión de Reingeniería del Gobierno, establecida en la página 15 del Plan de Gobierno de Proyecto Dignidad, no solamente es relevante, sino urgente. El plan no habla simplemente de “administrar mejor” la línea de producción, sino de transformar la estructura misma del Estado. Proponemos una reingeniería de las operaciones para eliminar la duplicidad de funciones y la centralización excesiva que hoy actúa como un punto de fricción en nuestra logística nacional, empeorando todavía más esa fala de lubricación administrativa.

Desde una perspectiva técnica, la reconstrucción de Puerto Rico sufre de tres fallos de diseño que la mencionada reingeniería busca corregir:

1. El cuello de botella centralizado: Actualmente, la mayoría de los permisos, subastas y desembolsos de los fondos federales debe pasar por la Oficina Central de Recuperación, Reconstrucción y Resiliencia, creando un embudo centralizado en San Juan. En una operación eficiente, el poder de ejecución debe estar lo más cerca posible del punto de necesidad. La regionalización que propone Proyecto Dignidad permitiría que los proyectos de infraestructura se gestionen con la agilidad de una unidad autónoma, reduciendo radicalmente los tiempos de ciclo.

2. La falta de sincronización en la cadena de suministro: el medio local de negocios mencionado anteriormente ha señalado cómo la escasez de materiales y mano de obra calificada está deteniendo proyectos. Un gobierno eficiente actuaría como un gestor de cadena de suministro (‘supply chain’), alineando los currículos educativos con las necesidades de la reconstrucción. Sin embargo, nuestro sistema actual opera en silos: educación va por un lado y las necesidades de infraestructura por otro. Es necesario integrar estos esfuerzos para que el capital humano sea el activo principal de nuestra reconstrucción.

3. El ‘lead time’ de la burocracia: En manufactura, el ‘lead time’ es el tiempo que pasa desde que se ordena algo hasta que se recibe. En el gobierno de Puerto Rico, el ‘lead time’ para convertir un dólar asignado en un bloque o ladrillo puesto es inaceptable. Como bien señala el programa de Proyecto Dignidad, necesitamos una administración que valore la transparencia y la rapidez, sustituyendo la permisología por una cultura de cumplimiento ágil.

El análisis del estancamiento de los proyectos es una confirmación externa de un fallo interno. No podemos esperar que los mismos procesos que nos llevaron a la quiebra sean los que nos saquen de ella. Si una línea de producción es defectuosa, el ingeniero la detiene y la rediseña. Puerto Rico necesita esa misma valentía técnica.

La reingeniería del gobierno que defendemos no es un eslogan político; es una necesidad operativa. Significa adoptar un modelo de gestión basado en resultados, donde el éxito se mida por la obra terminada y no por el tamaño del anuncio de prensa. Significa transformar a Puerto Rico en una “tierra de oportunidades” no por decreto, sino por eficiencia.

En conclusión, el capital está ahí, pero la logística del país está estancada. Si no implementamos un rediseño profundo que elimine la fricción administrativa y descentralice la ejecución, seguiremos viendo los miles de millones de dólares pasar frente a nosotros como materia prima que nunca se convierte en producto final. Es hora de que la ingeniería venza a la burocracia. Es hora de encender el motor de la reingeniería y poner a Puerto Rico a producir resultados reales para nuestra gente.

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