Thursday, March 26, 2026
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Basta de impunidad: Puerto Rico exige un cambio real


Columnista + Nilda Pérez

La corrupción que por años ha afectado a Puerto Rico no puede explicarse únicamente como actos aislados de algunos funcionarios. Con demasiada frecuencia, responde a fallas estructurales dentro del sistema político y administrativo que han permitido que prácticas indebidas se repitan y, en muchos casos, se normalicen. Cuando el poder público se utiliza para beneficiar intereses partidistas, cuando la adjudicación de contratos carece de transparencia o cuando los recursos del pueblo se manejan sin una rendición de cuentas rigurosa, se erosiona la confianza ciudadana y se debilitan las instituciones democráticas.

Puerto Rico necesita un cambio profundo en la forma de gobernar: un modelo basado en la integridad, la transparencia y la responsabilidad pública, donde el servicio al pueblo esté por encima de cualquier interés político o personal.

Más allá de la actuación de un solo partido o de figuras particulares, el problema gubernamental en Puerto Rico también refleja un patrón cultural preocupante: la tendencia de concebir el acceso al poder como una vía para obtener beneficios personales o favorecer círculos cercanos. Esta mentalidad distorsiona la función pública, transformando el servicio al país en una oportunidad de lucro o de ventaja individual. Cuando este comportamiento se normaliza, se debilita la responsabilidad hacia el bien común y se perpetúan prácticas que alimentan la desigualdad y la desconfianza ciudadana.

Uno de los rasgos más preocupantes de la corrupción estructural es su capacidad de reproducirse. Cuando los mecanismos de fiscalización se debilitan o fallan, y cuando las consecuencias para quienes incurren en actos indebidos son limitadas o inexistentes, se genera un ambiente de impunidad. Esto facilita que nuevas generaciones de funcionarios adopten y normalicen estas prácticas, perpetuando el ciclo. Con frecuencia, además, estas dinámicas se sostienen mediante redes de influencia que trascienden administraciones específicas e incluyen contratistas, donantes políticos y actores con acceso privilegiado a los procesos de decisión gubernamental. En ese contexto, el acceso al poder deja de entenderse como una responsabilidad pública y pasa a convertirse en un instrumento para preservar privilegios.

Dentro de ese escenario, figuras influyentes en la política del país han sido objeto de debate público precisamente por el papel que desempeñan en la dinámica de poder del gobierno. Liderazgos como el de Thomas Rivera Schatz han generado controversia por su capacidad de mantener control e influencia dentro de las estructuras gubernamentales, mientras que la cercanía de figuras como Francisco Domenech a los centros de decisión también ha provocado cuestionamientos en cuanto a la concentración de poder y la forma en que se toman decisiones dentro del aparato gubernamental.

Frente a este panorama, surge Proyecto Dignidad con el propósito de impulsar una transformación en la cultura de gobierno. Su propuesta busca devolverle al país una administración pública centrada en el bien común, sustituyendo la lógica del beneficio propio por una cultura de servicio, integridad y responsabilidad.

El cambio que Puerto Rico necesita no se logrará con ajustes superficiales ni con el simple reemplazo de unas figuras por otras. Requiere una transformación profunda de las estructuras, de los valores y de la manera en que se concibe el ejercicio del poder. Esto implica fortalecer los mecanismos de rendición de cuentas, garantizar una transparencia real en la gestión pública y fomentar una ciudadanía activa que no tolere la corrupción.

Puerto Rico enfrenta, en última instancia, una decisión histórica: continuar atrapado en los patrones que han debilitado sus instituciones o abrir paso a una nueva etapa de gobierno basada en la integridad y el servicio público. Romper con la corrupción estructural no es solo una aspiración política; es una condición indispensable para reconstruir la confianza en las instituciones y asegurar un futuro más justo y transparente para el país.

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