Thursday, April 2, 2026
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Más de 500 pequeños empresarios de pesca recibieron ayuda para apoyar la seguridad alimentaria


Pescador (OLyaL/Getty Images)

Unas 520 pequeñas y medianas empresas (PyMEs) relacionadas a la pesca y la acuicultura recibieron subvenciones de entre $25,000 y $150,000 de fondos federales a través del programa Renacer Agrícola de Puerto Rico – Agricultura Urbana y Rural del Departamento de la Vivienda (DV) entre 2021 y 2026.

Según información provista por Vivienda, el programa recibió solicitudes de 728 PyMEs en total y, a las seleccionadas, se desembolsó un total de $32.82 millones de fondos Subvención en Bloque para el Desarrollo Comunitario y Recuperación ante Desastres (CDBG-DR, en inglés) para atender “necesidades no cubiertas” de las empresas.

Según Roberto Silva, miembro del Consejo de Ordenación Pesquera del Caribe (CFMC, en inglés), cuya organización es responsable de la creación de planes de manejo para recursos pesqueros, el programa fue una “ayuda brutal” para pescadores que necesitaban actualizar equipo, como motores y trailers.

“Después de eso, está más robusta [la práctica]”, destacó.

Silva, pescador comercial licenciado, recordó que la industria de la pesca formó parte del sustento alimentario después de los embates de los huracanes Irma y María en 2017. Hasta un estudio reciente de las organizaciones Hispanic Federation y Conservación ConCiencia reforzó la importancia de las villas pesqueras como centros de seguridad alimentaria y la economía local del país.

Ese informe encontró 58 villas pesqueras activas en Puerto Rico, y 12 de los establecimientos analizados en el estudio reportaron un total de 351,813 libras de pesca en un año, lo que representó ingresos anuales que superan los $3.1 millones. Además de las villas, los pescadores también venden sus pescas directamente a restaurantes o desde sus propias pescaderías, apuntó Silva.

Estos centros además son regulados, por lo que sus administradores toman cursos de sanidad, ofrecidos por el Departamento de Salud, para asegurar un consumo sano.

Entre las medidas de precaución que deben cumplir los propietarios de las villas pesqueras y pescaderías para preservar la pesca es refrigerarla lo antes posible y remover las vísceras. Según Silva, se recomienda mantener intactas las agallas hasta que se lave el pescado para cocinar y lo mismo para las escamas, si el pescado estará almacenado “bastante” tiempo.

Bajo relevo generacional

El miembro del CFMC lamentó que, mientras merman las licencias de pescadores comerciales, hay poco interés en las próximas generaciones para tomar las riendas de la pesca. Si bien resaltó que hay alta disposición en jóvenes interesados en la industria, otros factores regulatorios y ambientales también impactan ese desempeño.

Señaló, por ejemplo, la alta contaminación en las aguas, que limita la pesca, así como un manejo de estadísticas poco regulado del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA).

Uno de los requisitos para recibir una licencia de pescador comercial, según el Reglamento de Pesca del 2010, es someter mensualmente estadísticas de pesca al Laboratorio de Investigaciones Pesqueras del DRNA, pero hay “pescadores furtivos” que inflan sus números para mantenerla, explicó.

El límite de captura, fijado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, en inglés) para asegurar que no haya sobrepesca, por su parte, se reduce. Los pescadores comerciales entonces se limitan a causa de esos datos manipulados, alegó Silva, lo que, a su vez, disminuye la propuesta de alimentos disponibles para el consumo.

“El problema es que, cuando el pescador deportivo obtiene licencia de pesca comercial, no hay un mecanismo para decirle que no. Para justificar que son pescadores comerciales, someten estadísticas de desembarco (peces traídos a tierra) cuando no tienen idea de lo que están haciendo”, puntualizó Silva.

Como consecuencia por “falta de control”, las licencias de pescadores activas han mermado, de alrededor de 3,000 a principios de la década de 1990 a casi 1,200 actualmente.

Pesca como sustento

Silva defendió la pesca también como un sustento económico, y creó un programa de capacitación marítima pesquera para enseñarles, a jóvenes, que “se puede vivir de la pesca”, pese a lo arduo y riesgoso que es la labor en comparación con cultivos terrestres. “A mí me cogen dos marullos, mi bote va para abajo y se hunde y tengo que sobrevivir”, describió.

La oferta pesquera no aguanta una megaindustria, advirtió, pues es una práctica artesanal. Pero incluso, para la población, es una alternativa de consumo sana y más económica que otras proteínas. “Si vienes a ver, la pesca salvaje que tenemos disponible es buena. No entendemos la ventaja alimentaria que tenemos en Puerto Rico, viviendo en el Caribe, que tenemos para conseguir pesca libre, de captura libre”, sentenció.

Pese a los contratiempos, apostó a una mayor actividad en las villas pesqueras como punto de venta, así como robustecerlas y prepararlas ante emergencias nacionales para mantener ese eje del sustento alimentario.

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