La misión de la Pink Gala de Susan G. Komen Puerto Rico no concluye cuando se apagan las luces, ni cuando cesa la música o terminan los bailes que celebran la vida de las pacientes de cáncer de seno. Por el contrario, es precisamente en ese momento cuando comienza otra expresión de amor: más silenciosa, pero igualmente poderosa.
Cada año, un grupo de voluntarios, liderado con entrega y sensibilidad por Lizbeth Zamora, comerciante y miembro del comité de la Pink Gala, transforma la belleza de la noche en un gesto humano. Las flores que adornaron las mesas cobran una nueva vida al día siguiente al ser entregadas en égidas, iglesias y cementerios alrededor de Puerto Rico.
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Según la organización sin fines de lucro, este gesto carga un significado: “donde hubo celebración, ahora hay consuelo; donde hubo gala, ahora hay compañía”. Es decir, se trata de un recordatorio de que “el amor no se queda en un salón; el amor se multiplica, se comparte y continúa sanando corazones”.
La doctora Ana DiMarco, presidenta del Comité de Pink Gala, agradeció a Zamora por su “liderazgo, sensibilidad y compromiso”.
“Nos recuerdas que los pequeños gestos pueden generar un impacto inmenso. Porque cuando se da con el corazón, la misión nunca termina”, expresó DiMarco.
