Thursday, April 16, 2026
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La violencia nuestra


Cesar Vazquez + columnistas

El fin de semana después de Semana Santa, hubo ocho asesinatos. En lo que va del año, llevamos cinco asesinatos más que en 2025 para esta fecha. En 2024, tuvimos una taza de sobre 15 asesinatos por 100,000 habitantes, mientras Misisipi y Luisiana, que son los estados más violentos, rondaban diez asesinatos por cada 100,000. En promedio, Estados Unidos tuvo un poco más de cinco asesinatos por cada 100,000. Solo Washington, D.C., que tiene una alta incidencia criminal, tuvo un número mayor que Puerto Rico: sobre 25 asesinatos por 100,000 habitantes.

La mayoría de estos asesinatos ocurren por el uso de armas de fuego, aunque tenemos de las leyes más restrictivas sobre armas. Las leyes, la Policía, los tribunales, ni la cárcel son capaces de evitar de que allá afuera la gente esté armada hasta los dientes, en su mayoría, con armas ilegales. Tampoco hemos podido evitar que usen la violencia como método para resolver conflictos.

La causa más común de los asesinatos fueron asuntos relacionados al trasiego de drogas. En 2011, tuvimos 30 asesinatos por 100,000 habitantes, siendo este el pico de la violencia criminal.

La tragedia de hoy nos hace olvidar la tragedia de ayer. Sin embargo, todavía estamos consternados por la muerte de esta niña de 14 años, que viniendo de un juego de voleibol, fue víctima de alguien que buscaba matar a su padre. A la mayoría se nos va a olvidar su trágica muerte. Sus familiares caminarán toda la vida con esa cicatriz en su alma.

Si sabemos que la droga es el problema inmediato, ¿dónde está esa concertación social para atender este problema? Atendiendo el problema inmediato, ¿por qué la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción tiene de los presupuestos más raquíticos en el gobierno? ¿Por qué la mayoría de los que brindan servicios directos contra la adicción son instituciones no gubernamentales, en su mayoría de base de fe, que han visto reducidas las aportaciones del gobierno en los últimos años? ¿Por qué los servicios de salud correccional son notoriamente ineficientes para atender la adicción en los confinados? Para los adictos, salir de la cárcel es una puerta giratoria para volver al uso de drogas y a delinquir.

Hablemos de la cantera de donde se nutre la drogadicción. Nuestra niñez está asediada por problemas sociales que facilitan su inserción en el mundo de la droga. Tenemos una incidencia alta de deserción escolar. Tenemos la incidencia más alta de población escolar con problemas de aprendizaje en comparación con el resto de las jurisdicciones de Estados Unidos. Para colmo, muchos no reciben las terapias necesarias, a pesar de que nuestro sistema educativo recibe cientos de millones de dólares para ellos. Las querellas por maltrato a la niñez se siguen añadiendo año tras año, sin que el Departamento de la Familia las pueda atender. De fondo, enfrentamos la realidad de que la mayoría de nuestros niños vive en familias fracturadas, siendo criados por uno de los padres, usualmente la madre.

Los determinantes del crimen ya están identificados. Sin embargo, no hay soluciones fáciles ni inmediatas. Esfuerzos aislados, inconexos mitigan en algo la situación. Pero para enfrentar efectivamente esta tragedia social, es imprescindible trabajar en coordinación para establecer las múltiples estrategias necesarias. Para eso es que se eligen los gobiernos. Para que organice el proceso que catalice la resolución de los problemas apremiantes del pueblo. El problema fundamental nuestro va mas allá de la ineficiencia de LUMA y de la indefinición del status… Estamos en espera de que el gobierno comience por identificar el problema de la violencia como nuestro problema fundamental y establezca la prioridad de esfuerzos y de presupuesto para atenderlo. ¡Nos va la vida!

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