Thursday, February 12, 2026
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La grandeza de Tite Curet


Suministrada Tite Curet Alonso

Reducir la figura de Catalino “Tite” Curet Alonso a la categoría de compositor de éxitos de salsa y bolero es pasar por alto la dimensión histórica, sociológica y política de su obra.

Tite Curet no solo escribió canciones. Fue, ante todo, constructor de una narrativa alternativa y, por momentos, profundamente subversiva de la modernidad caribeña. En sus letras se articula una mirada crítica que dialoga con la historia, cuestiona sus silencios y restituye voces que el relato oficial relegó a los márgenes.

Su extensa producción, marcada por una notable densidad temática, aborda asuntos como la raza, la memoria colonial, la explotación económica y la desigualdad estructural. Leída en conjunto, su obra puede entenderse como un ejercicio de historiografía popular. En ella se configura un archivo alterno que se posiciona frente a los discursos oficiales que han tendido a suavizar o invisibilizar los conflictos de la historia caribeña y, de manera particular, la puertorriqueña. Todo ello sin sacrificar la musicalidad, la cadencia ni el sabor que hicieron de sus composiciones piezas memorables del repertorio salsero y bolerístico.

La obra de Tite Curet desestabiliza narrativas establecidas para ofrecernos lecturas críticas del pasado y del presente. Lo hace con un lenguaje cotidiano, cercano, pero atravesado por una sofisticación poética que convierte la experiencia popular en reflexión histórica.

Así ocurre en “Las caras lindas”, uno de los ejemplos más potentes de afirmación afrodescendiente en la música popular caribeña. En esta canción, Tite Curet resignifica la negritud y rompe con la ideología del mestizaje idealizado que durante décadas promovió una falsa armonía racial. En lugar de diluir la diferencia, la exalta como belleza, dignidad y orgullo. No se trata solo de celebrar rasgos físicos, sino de reivindicar una identidad históricamente estigmatizada y de afirmar su centralidad cultural.

Algo similar sucede en “Anacaona”, tema que alcanzó amplia difusión en la voz de Cheo Feliciano. Allí el compositor rescata la figura de la cacica taína ejecutada por los colonizadores españoles y la presenta no como simple víctima del pasado, sino como emblema de resistencia. Al hacerlo, cuestiona la narrativa escolar que mitificó la colonización y silenció la violencia fundacional del orden colonial. Anacaona se convierte así en memoria activa, en herida abierta que interpela el presente.

Esa mirada crítica también se despliega en “Plantación adentro”. Lejos de romantizar el campo y su economía agraria, la canción expone las relaciones de explotación, las lógicas de dominación y la precariedad que estructuraron el sistema de plantaciones. La violencia no aparece como accidente, sino como engranaje de un orden económico y político que convirtió a seres humanos en sombras prescindibles. Con ello, Tite Curet vincula el pasado colonial con las persistencias de desigualdad que aún atraviesan nuestras sociedades.

Con estas y muchas otras composiciones, Tite Curet elevó la salsa y el bolero a la categoría de crónica histórica. Introdujo en la música comercial un nivel explícito de conciencia social que amplió el horizonte temático del género. En ese sentido, fue precursor de la llamada salsa con conciencia que, posteriormente, encontraría desarrollo en figuras como Rubén Blades, cuya obra también dialoga con los conflictos sociales y políticos de América Latina.

La grandeza de Tite Curet radica en haber escrito desde el pueblo y para el pueblo. Su lenguaje es accesible, pero nunca simplista. En su aparente sencillez se esconde una arquitectura poética de notable profundidad. Supo convertir la canción bailable en ensayo cantado y la pista de baile en espacio de memoria colectiva.

Por eso su obra permanece vigente. Los problemas que tematizó a lo largo de su trayectoria —racismo, desigualdad, herencia colonial, explotación laboral— no han desaparecido. Siguen configurando el paisaje social del Caribe y de América Latina.

Escuchar la obra musical de este versado poeta y escritor hoy no es un ejercicio de nostalgia, sino de comprensión histórica. En cada verso late una interpretación del país y una invitación a mirarnos sin maquillaje.

Y es porque Tite Curet no fue únicamente un compositor brillante. Fue un intelectual popular que escribió con ritmo lo que muchos ensayistas escribieron en prosa. Su legado demuestra que la música también piensa y que, cuando se hace con honestidad y compromiso, puede convertirse en conciencia colectiva.



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