La tiroides, esa pequeña glándula en forma de mariposa ubicada en el cuello, desempeña un papel esencial en el funcionamiento del cuerpo. Regula procesos como el metabolismo, el ritmo cardíaco, la temperatura corporal y el nivel de energía.
Cuando su funcionamiento se altera, los efectos pueden ser variados y, en casos, pasar desapercibidos durante tiempo, ya que los síntomas suelen confundirse con otras condiciones de salud comunes. Por eso, los especialistas en endocrinología advierten que prestar atención a ciertos cambios persistentes y acudir a una evaluación médica oportuna pueden marcar una diferencia significativa en el diagnóstico y el tratamiento.
En Puerto Rico, esta recomendación cobra especial relevancia, pues, según el Departamento de Salud, se estima que entre un 20 % y un 25 % de la población vive con alguna condición tiroidea, lo que se considera un indicador de una alta prevalencia en la isla.
Los trastornos de la tiroides pueden manifestarse de distintas maneras, dependiendo de si la glándula produce menos hormonas de lo necesario o, por el contrario, las produce en exceso. En el hipotiroidismo, uno de los trastornos comunes, la producción hormonal es insuficiente, lo que reduce algunas funciones del organismo. Según el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales (NIDDK, en inglés) de Estados Unidos, entre los síntomas más comunes se encuentran la fatiga persistente, el aumento de peso sin causa aparente, la sensibilidad al frío, la piel seca y el estreñimiento. Aunque estos signos son frecuentes en la población general, los especialistas señalan que, cuando aparecen de forma progresiva y en conjunto, conviene acudir a una evaluación médica.
En el caso del hipertiroidismo, ocurre lo contrario. La tiroides produce un exceso de hormonas y el cuerpo acelera sus funciones. El NIDDK indica que pueden presentarse palpitaciones, pérdida de peso inexplicable, nerviosismo, sudoración excesiva y temblores. Estos síntomas pueden afectar significativamente la calidad de vida si no se identifican y se tratan a tiempo.
Lo positivo es que existen pruebas de laboratorio que permiten evaluar la función tiroidea ante sospecha de disfunción. Los médicos suelen comenzar con análisis de sangre para medir la hormona estimulante de la tiroides (TSH). También pueden incluirse otras pruebas, como T4 libre, T3 y estudios de anticuerpos tiroideos, especialmente cuando se sospechan condiciones autoinmunes como la tiroiditis de Hashimoto, la causa principal del hipotiroidismo; o la enfermedad de Graves, que provoca una glándula tiroidea hiperactiva. También se utilizan estudios de imagen, como sonogramas, para evaluar la estructura de la glándula y detectar nódulos, así como pruebas de medicina nuclear en casos específicos.
En Puerto Rico, el cáncer de tiroides ha mostrado un aumento notable desde principios de la década de 2000, particularmente en mujeres, según datos del Registro Central de Cáncer de Puerto Rico. El reporte más reciente lo posiciona como el cuarto cáncer más diagnosticado en mujeres y el duodécimo en hombres. Al estar ubicada en la parte frontal del cuello, es posible detectar el crecimiento de nódulos en la tiroides. En ese caso, la recomendación también es consultar al médico.
La mayoría de los casos se detectan en etapas tempranas. Las guías clínicas coinciden en que no todas las personas requieren pruebas de rutina si no presentan síntomas ni factores de riesgo, pero enfatizan la importancia del seguimiento médico en quienes ya han sido diagnosticados o presenten factores de riesgo. Reconocer los cambios, consultar al médico y no minimizar los síntomas sigue siendo una de las herramientas más efectivas para proteger la salud a largo plazo de esta pequeña pero importante glándula.
