Friday, February 20, 2026
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La refundación del bipartidismo


Emilio Pantojas Metro Puerto Rico

El proceso de realineamiento político que se inició con la alternancia de gobernadores de un solo término desde 2001, y dos gobiernos “compartidos” o, más bien divididos—2005-08 y 2021-24—ahora parece retroceder buscando un nuevo acomodo del bipartidismo. Los votantes desafectos que se agruparon en el Partido Dignidad (PD) y del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) parecen darse por vencidos y retornan o se afilian al PNP y al PPD.

Ante el tremendo susto que les dio la Alianza entre el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el MVC, el PNP y el PPD han reajustado sus miras y promesas programáticas para capturar votos de los desilusionados y ahora desafectos de la Alianza. El PNP se ha convertido al evangelio fundamentalista, erigiendo la Plaza del Creyente representada por una familia que ora de rodillas e inaugurando la sesión legislativa de 2025 con un proyecto sobre “libertad religiosa” y la sesión de 2026 reconociendo los derechos del nasciturus, ambos convertidos en ley ( Ley 14-2025 y Ley 18-2026).

Por su parte el PPD ha iniciado un proceso de reorganización amplio que abre espacio para la renovación generacional sin romper el vínculo con “la vieja guardia”. Bajo el liderato de Pablo José Hernández Rivera—electo Comisionado Residente con el mayor número de votos entre los candidatos y candidatas a gobernador o comisionado residente—y nieto de Rafael Hernández Colón, sucesor carismático de Luis Muñoz Marín, se inicia un proceso de cambio todavía no definido. Se ha reorganizado el partido con un nuevo reglamento pero el contenido político de la nueva propuesta es ambiguo. En una entrevista reciente el nieto del abuelo afirmó que él representa el centro político, y el PPD es un partido realista (pragmático), autonomista y de centro.

Dicho de otro modo, el bipartidismo pretende restaurar la vieja imagen de un PNP de derecha, un PIP de izquierda y un PPD de centro. El PPD sería así la “casa grande” de los puertorriqueñistas anticorrupción, mientras el PNP se convierte en una nueva derecha cristiana, anexionista y trumpista (¡!). Esto dejaría al PIP como un partido de izquierda, en una coyuntura en que la nueva derecha arrecia su campaña de miedo y desprestigio contra un muñeco de paja que incluye desde Cuba y Venezuela, hasta el partido Demócrata de Estados Unidos.

En este cuadro de desafiliación de los partidos emergentes se incluyen los escándalos maritales y sexuales del PD y el MVC. Mientras el PNP convence a los/as electores/as que la corrupción es un asunto de individuos, se presentan los escándalos del PD y el MVC como ejemplos de bancarrota institucional de estas organizaciones. Así mismo, presenciamos el regreso de los “melones” que se fueron al MVC y el salto de líderes del PD al PPD, sabiendo que el PNP seguirá siendo corrupto no importa qué.

Mientras tanto, la prensa comercial de radio y televisión se recompone relegando a los márgenes a líderes y lideresas de la Alianza y del PD, mientras se sensacionalizan crímenes, abusos de menores y procesos judiciales politizados y torcidos por la judicatura PNP. Cada tarde los noticieros comienzan típicamente con coberturas de crímenes sangrientos, menores abusados y procesos judiciales injustos y arbitrarios.

Finalmente, se propone otra revisión a la ley electoral para “flexibilizar y ampliar” el voto adelantado y ausente por correo. No es un secreto que la ley electoral de 2020 pasó el control de la Comisión Estatal de Elecciones al partido de gobierno, PNP, y que el voto por correo ha sido manipulado desde entonces. El fraude electoral se ha institucionalizado a tal punto que un legislador del PNP apareció en un programa de televisión confesando que entregaba en la CEE paquetes de solicitudes de voto adelantado y que la mayoría era de su partido, hecho ilegal aún bajo la ley de 2020 y por el cual fue exonerado. Más aún las querellas formales de figuras prominentes sobre el uso sin su consentimiento de sus firmas y datos electorales para endosos a candidatos no fueron atendidas por los tribunales, como tampoco fueron atendidas denuncias documentadas de actos fraudulentos e ilegales en San Juan, Cataño y Jayuya.

En Puerto Rico, el bipartidismo no está muriendo, está mutando. Mientras gran parte del país busca alternativas a la mala gobernanza, el PNP y el PPD ejecutan, con precisión quirúrgica, un proceso de restauración. No lo llaman así, claro está. Lo venden como “refundación” y “renovación”. Pero la realidad es más simple, se trata del gatopardismo boricua: están moviendo las fichas para que todo cambie… sin que nada cambie.



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