Un estudio realizado por el Instituto de Cuidado de Salud de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello (UNAB) reveló que dormir menos de 7 horas al día podría aumentar en un 38% el riesgo de morir por cualquier causa.
La investigación, liderada por Felipe Díaz Toro y Javier Díaz González, se basó en datos de más de 5,200 adultos sin enfermedades cardiovasculares al inicio del seguimiento.
Los participantes fueron clasificados en tres grupos: menos de 7 horas, entre 7 y 8 horas (grupo de referencia) y más de 8 horas de sueño diario.
Los investigadores observaron que, en comparación con quienes dormían entre 7 y 8 horas, dormir menos de 7 horas aumentó en 38% el riesgo de muerte, mientras que dormir más de 8 horas elevó el riesgo en 24%, incluso tras ajustar por factores como edad, sexo, tabaquismo, consumo de alcohol, actividad física, comorbilidades y adherencia a una dieta saludable.
“Nuestros hallazgos muestran una relación en forma de U: tanto el sueño insuficiente como el excesivo se asocian a un mayor riesgo de mortalidad. Mantener entre 7 y 8 horas diarias parece ser el rango más saludable”, señaló Díaz-Toro, epidemiólogo especializado en envejecimiento y condiciones crónicas.
Si bien investigaciones internacionales han asociado la duración del sueño a la mortalidad cardiovascular, este análisis chileno no encontró una relación significativa luego de ajustar los modelos estadísticos.
“Es posible que el número de eventos cardiovasculares en el seguimiento fuera bajo o que otros factores protectores, como la actividad física y la dieta, hayan atenuado el efecto”, explicó el académico.
Los resultados refuerzan la importancia del sueño dentro de una salud cardiovascular integral, coherente con las recomendaciones de la American Heart Association, que lo identifica como uno de los elementos esenciales para la prevención de enfermedades crónicas.
“El sueño, junto con la dieta, el ejercicio y la salud mental, debe ser considerado un pilar fundamental en las estrategias de prevención de enfermedades crónicas y envejecimiento saludable”, destacó el investigador.
“Estos resultados abren una nueva línea de investigación sobre hábitos de sueño en Chile y su impacto en salud pública. Dormir bien no solo mejora el bienestar diario, sino que también puede prolongar la vida”, concluyó el Dr. Díaz-Toro.
