Tuesday, March 24, 2026
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No sabes adónde va un personaje, igual que no sabes adónde va tu vida: Steve Carell


En el mar de producciones de las plataformas de streaming, la serie Rooster aspira a moverse en un territorio incómodo entre el humor y las relaciones familiares contemporáneas. Foto: cortesía.
Hollywood. En el mar de producciones de las plataformas de streaming, la serie Rooster aspira a moverse en un territorio incómodo entre el humor y las relaciones familiares contemporáneas. Foto: cortesía.

En la era del contenido infinito, donde las plataformas de streaming compiten por captar la atención en cuestión de segundos, las series que logran construir un tono propio son cada vez más escasas.

Rooster, la nueva comedia dramática impulsada por Bill Lawrence y Matt Tarses, aspira precisamente a moverse en un territorio incómodo entre el humor y las relaciones familiares contemporáneas.

La serie gira en torno a Greg Russo, un escritor que ha construido su identidad en torno a un personaje ficticio, Rooster, que encarna todo aquello que él cree no ser. A partir de ahí, la historia explora vínculos frágiles, especialmente el de padre e hija, en un contexto marcado por la distancia emocional, la ironía generacional y la dificultad de comunicarse en un mundo saturado de estímulos.

HUMOR QUE CONVIVE CON EL MALESTAR

Lejos de la comedia tradicional de gags rápidos, Rooster apuesta por un humor que convive con el malestar.

Los personajes hacen reír arrastrados por sus frustraciones, inseguridades y una sensación persistente de soledad. El propio Lawrence ha definido la serie como una reflexión sobre la paternidad y el momento en que los hijos dejan de necesitar, o creen dejar de necesitar, a sus padres.

En ese centro narrativo se encuentra Steve Carell, actor que ha construido su carrera precisamente en ese delicado equilibrio entre lo ridículo y lo profundamente humano. Carell ha demostrado a lo largo de su trayectoria una capacidad singular para dotar de complejidad emocional a personajes que, en apariencia, podrían quedarse en la caricatura.

En Rooster, Greg Russo no es ni un héroe ni un fracaso. Es un hombre en tránsito. Un ser humano que intenta entender quién es cuando las certezas empiezan a desmoronarse.

En el mar de producciones de las plataformas de streaming, la serie Rooster aspira a moverse en un territorio incómodo entre el humor y las relaciones familiares contemporáneas. Foto: cortesía.
Hollywood. En el mar de producciones de las plataformas de streaming, la serie Rooster aspira a moverse en un territorio incómodo entre el humor y las relaciones familiares contemporáneas. Foto: cortesía.

Durante su encuentro con Metro World News, Carell habló sobre su proceso a la hora de construir el personaje y la importancia del trabajo en equipo.

Cuando trabajas en una serie como esta, en la que no sabes exactamente hacia dónde va el personaje, ¿cómo construyes los detalles desde el principio?

Es una gran pregunta. En realidad, no sabemos hacia dónde vamos en la vida, así que es interesante ver cómo se desarrolla el personaje en cada episodio. El guion es muy específico y muy sólido, y una de las cosas que más me gustó del piloto es que se sentía muy real.

Los pilotos son difíciles porque están llenos de exposición. Tienes que presentar un mundo nuevo y personajes que el público no conoce. Aquí logramos hacer eso y, al mismo tiempo, hacerlo de una forma divertida. Muchas veces los pilotos intentan contar demasiado y no dejan espacio para que los personajes evolucionen.

Pensé bastante en el personaje, pero gran parte de la información me llegó a través de los otros actores. Cuando conocí al reparto, entendí muchas cosas. Por ejemplo, con Charly, que interpreta a mi hija, supe desde el primer momento que había en nuestra dinámica algo que necesitaba esta pareja.

Al final, entras sin saber cómo. Intentas definir una base de quién es el personaje y te dejas llevar por el proceso.

¿Hubo algún momento durante el rodaje en el que pensaste que la serie podría ser algo especial?

Nunca lo sabes del todo. Puedes tener los ingredientes: un buen guion, buenos actores, buenos directores… y aun así hay lugar para la sorpresa. Pero sí sabía que iba a ser una experiencia agradable porque la química entre nosotros, los actores, es evidente. Había una sensación de alegría trabajando juntos, y para mí eso es fundamental.

El público no piensa necesariamente en si los actores se lo pasan bien o no, pero esa energía existe. Y, desde un punto de vista personal, fue una experiencia gratificante. Se nota cuando los productores cuidan la escritura y la realización.

Si luego resulta ser una gran serie, eso ya es un extra.

En el mar de producciones de las plataformas de streaming, la serie Rooster aspira a moverse en un territorio incómodo entre el humor y las relaciones familiares contemporáneas. Foto: cortesía.
Hollywood. En el mar de producciones de las plataformas de streaming, la serie Rooster aspira a moverse en un territorio incómodo entre el humor y las relaciones familiares contemporáneas. Foto: cortesía.

Muchos de tus personajes se mueven entre lo ridículo y lo profundamente humano. ¿Qué tiene este papel de nuevo para ti? ¿Dónde está su vulnerabilidad?

Supongo que todo es una evolución gradual. Cuando me presentaron el proyecto, me interesó la idea de un hombre que ha escrito una serie de libros sobre un personaje al que aspira parecerse.

Pero no quería que fuera una especie de Walter Mitty. Es un tipo bastante seguro de sí mismo. No es una caricatura. Tiene sentido del humor, tiene conciencia de sí mismo.

Además, hay algo en él que hace que otra persona quiera estar con él, que una mujer fuerte y competente lo elija. Eso implica que hay algo valioso en su personalidad.

Lo interesante era explorar sus matices y mostrar que hay un conflicto interno.

Y luego está la relación con su hija. No es idéntica a la que yo tengo en la vida real, pero evidentemente puedes apoyarte en tu propia experiencia.

¿Buscas conscientemente personajes que sean diferentes a los que ya has interpretado?

No especialmente. Para mí es más importante con quién voy a trabajar.

Soy muy fan de Bill y de Matt, y cuando me llamaron pensé que podía ser algo especial. La posibilidad de colaborar con gente a la que admiras es lo que más me atrae.

Y también el poder trabajar con buenos actores. Eso es lo que realmente marca la diferencia.

En un momento en que las narrativas audiovisuales parecen fragmentarse entre el espectáculo y la saturación, propuestas como Rooster intentan recuperar el espacio de la ambigüedad emocional. Carell, con su habitual mezcla de contención y precisión cómica, vuelve a situarse en ese terreno intermedio donde el humor acompaña a la tristeza.

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