Friday, April 3, 2026
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Las pascuas del siglo XXI


Francisco J. Concepción

El relato del éxodo es el relato de un pueblo esclavizado, colonizado, que se libera. Según Éxodo 12, el ángel del Señor pasó y dio muerte a los hijos de los egipcios. El dolor de la muerte es el instrumento de la liberación. Realmente es un símbolo, una metáfora. No se trata de dar muerte o asesinar, sino de debilitar al sistema, de confrontar el poder del imperio, de desafiar. Ese desafío, ese ponerse en camino, ese comer de pie, como narra el éxodo, ese prepararse, ese salir rápidamente, corriendo, es el relato de un pueblo esclavizado que se libera de esa esclavitud. El esclavizado que se niega a actuar como un esclavo; el colonizado que se resiste a seguir sometido al imperio. El pueblo de la pascua, del paso, del camino, de salir, del liberarse, es el pueblo que se atreve a ahogar a Salcedo.

En el relato tradicional de nuestro sistema educativo se nos hizo creer que los taínos pensaron que los españoles que vinieron a colonizarlos, someterlos y asesinarlos eran dioses. Este relato profundizaba la idea de la inferioridad del taíno. El poder del colonizador es visto como un signo divino: son los dioses los que han colonizado al pueblo de Borikén. Pero ese relato tiene una contraparte. Los taínos ahogan a Salcedo para probar si eran dioses. Al ver que en tres días no se levantó, concluyen que no son dioses y que la rebelión es posible. Probablemente, la idea del asesinato de Salcedo para probar la divinidad de los españoles es un mito. Tal vez sí asesinaron a Salcedo, pero no para probar su divinidad, sino para comenzar la rebelión. Ahogar a Salcedo es liberarse de la esclavitud. Ahogar a Salcedo es el acto de rebelión fundamental, como el asesinato de los primogénitos de los egipcios. Ahogar a Salcedo es la prueba fundamental de que podemos confrontar al imperio, pues tiene pies de barro.

La pascua es el paso de la esclavitud a la libertad. Como cuando una artista se atreve a cantar el himno de Puerto Rico con la letra original en lugar de la versión colonizada del “Cuando a sus playas llegó Colón”. Es cuando se ahoga a Salcedo, cuando nos salimos del imperio, cuando nos escapamos de la esclavitud. Es cuando se rompen las cadenas de la esclavitud y damos el primer paso, urgente, con seguridad, hacia la libertad. Es cuando el pueblo que había sido sometido se atreve a confrontar al poder y se percata de que el imperio es una ilusión y se puede desmontar. Ahogar a Salcedo es atreverse a confrontar al imperio en Vieques y sacar a la Marina de sus costas. Ahogar a Salcedo es atreverse a tirarse a las calles y hacer que un gobernante corrupto renuncie. Ahogar a Salcedo es marchar contra Esencia y liberar al pueblo de Cabo Rojo de una extinción segura. La pascua es la llamada a salir del control del imperio, del mal, del poder, del coloniaje y de la esclavitud. La pascua es ponerse en camino hacia la libertad y la vida plena. La pascua es camino hacia la resurrección.

La marcha contra Esencia el pasado sábado es una prueba de que tenemos un pueblo que ahoga a Salcedo. Cada cierto tiempo derrotamos el mito de la docilidad del puertorriqueño. Cada cierto tiempo pasamos por nuestra pascua una vez más. Cada cierto tiempo ahogamos a Salcedo y nos ponemos en camino, en marcha, en las calles, desafiando el poder que cree que nos tiene sometidos. Confrontando al imperio que cree que nos hemos arrodillado delante de su divinidad. Ahogamos a Salcedo cuando nos atrevemos a proclamar que Esencia no va. Cuando nos unimos en una lucha que vuelve a poner sobre la mesa nuestra dignidad, nuestra llamada, nuestra vocación. Por eso es por lo que los que creemos en la pascua, en la victoria de Jesús sobre la muerte, nos ponemos en camino, como el pueblo que fue invitado a “vestidos y calzados, y con el bastón en la mano, comer de prisa el animal, porque es la Pascua del Señor”. Ponerse en camino es ahogar a Salcedo. Hoy, más que nunca, la pascua es la liberación que comienza con un grito al unísono: ¡Esencia no va!

Cuando los pueblos marchan, y proclaman el triunfo de la vida sobre la muerte, es Jesús quien resucita con cada paso, con cada grito, con cada acto de solidaridad y desafío.

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