Sunday, April 5, 2026
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Arecibo invita a celebrar el Día de la Danza


Arecibo invita a celebrar el Día de la Danza Pareja baila danza en el Museo Casa Trina Padilla de Sanz. (Suministrada)

El alcalde de Arecibo, Carlos R. Ramírez Irizarry, informó que como parte de los eventos culturales y de reafirmación de nuestra identidad puertorriqueña, el municipio celebrará el Día de la Danza el jueves, 23 de abril de 2026, a las 6:00 de la tarde, en el Museo Casa Trina Padilla de Sanz.

La actividad, de entrada libre, contará con la participación musical del pianista Pablo Guardiola y el violinista Ernesto Delgado Betancourt.

“Será una noche de gran celebración musical, así que los esperamos a todos”, compartió el primer ejecutivo municipal.

Guardiola comenzó como baterista en Mayagüez a los 13 años. Posteriormente, trabajó con Gilbert Mamery, lo que le permitió compartir con grandes artistas de la talla de Sandro y el maestro Marco Antonio Muñiz. Además, participó en la inauguración del Mayagüez Hilton, marcando una nueva etapa en su carrera.

“Para la década de 1960, junto al maestro Roselyn Pabón, [Guardiola] emprendió una nueva etapa artística que lo llevó a dejar la batería y dedicarse al piano, instrumento con el que ha cultivado la bohemia. Asimismo, ha sido exaltado al Salón de la Fama de la Música Puertorriqueña, distinción que atesora”, expresó el alcalde.

Por su parte, Ernesto Delgado Betancourt es un destacado profesor de violín que divide su tiempo entre las ciudades de San Juan y Arecibo.

De baile censurado a emblema cultural

Según reseña La Gran Enciclopedia de Puerto Rico, la danza es uno de los géneros musicales autóctonos más representativos del país. Ha sido símbolo de la identidad criolla desde sus inicios, por ejemplo, el himno nacional de Puerto Rico es una danza. Existen diversas teorías sobre su origen, pero la mayoría de los expertos coinciden en que surgió alrededor del año 1840.

Algunos investigadores le atribuyen influencia de España y Venezuela, sin embargo, la versión más aceptada, propuesta por Fernando Callejo, sostiene un origen cubano.

Para esa época, llegaron a Puerto Rico jóvenes procedentes de Cuba que introdujeron una nueva modalidad de baile en pareja, caracterizada por su cadencia rítmica. Este estilo contrastaba con la contradanza de origen español, que dominaba como baile social. La nueva música, conocida como “habanera”, se bailaba de forma más libre, lo que resultó del agrado de la juventud. Inicialmente se utilizaba música cubana, pero posteriormente los compositores criollos comenzaron a desarrollar un repertorio propio.

En la década de 1840, este nuevo baile fue rechazado por sectores conservadores de la alta sociedad, que lo consideraban escandaloso. Títulos de algunas de las primeras danzas, como “La sapa”, “El rabo del puerco”, “Ay, yo quiero comer mondongo”, “El tereque” y “La charrasca”, reflejan ese carácter popular.

Debido, en parte, a la cercanía entre las parejas al bailarlo, el gobernador de Puerto Rico de 1848 a 1851, Juan de la Pezuela emitió en 1849 un bando que prohibía la danza; la medida no tuvo éxito y, por el contrario, aumentó su popularidad.

En 1870 surgió una nueva modalidad con centro en la ciudad de Ponce, impulsada por el pianista y compositor sanjuanero Manuel Gregorio Tavárez, conocido como el Padre de la Danza. Tras completar estudios en el Conservatorio de París, Tavárez se estableció en Ponce, donde refinó y elevó la danza puertorriqueña, especialmente en su forma pianística. Entre sus obras más conocidas figuran “Margarita” y “La sensitiva”.

Posteriormente, el ponceño Juan Morel Campos llevó la danza a su máximo desarrollo como género musical, organizó su propia orquesta, La Lira Ponceña, y compuso danzas mayormente destinadas al baile, lo que contribuyó significativamente a su popularización.

Morel Campos fue un compositor prolífico, con más de doscientas danzas, muchas de ellas inspiradas en el amor y la figura femenina, como “Felices días”, “Vano empeño”, “Maldito amor”, “Idilio”, “De tu lado al paraíso”, “Mis penas” y “Laura y Georgina”.

A diferencia de otros músicos de su época, Campos dejó sus composiciones escritas, lo que ha permitido su preservación e interpretación hasta el presente. Muchos de sus manuscritos, así como los de Tavárez, se conservan en la División de Música del Archivo General de Puerto Rico.

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