
María Magdalena Cruz nunca estudió educación. Trabajaba en una ferretería y asistía a su hermana, Lucy Cruz, en la Capilla del Sagrado Corazón, ubicada en la calle Martino, donde colaboraba en la educación catequética de la niñez en 1987. Al retirarse, se encariñó tanto con los niños que concluyó que su labor no debía limitarse a la enseñanza religiosa.
Recuerda que fue un 8 de diciembre cuando, por primera vez, educó a un grupo por sí misma. También decidió entonces que quería adquirir una casa que observaba a diario frente a la capilla y que estaba valorada en $5,000. Su intención era convertirla en un “mini oratorio” que le permitiera continuar educando.
Cuando obtuvo el dinero, la casa ya había sido vendida a otra persona. La noticia la entristeció, pero su madre le prometió que conseguirían otra vivienda y que no se rendirían. Finalmente, tras atravesar otros retos, en 2006 logró establecer lo que hoy es el Mini Oratorio Los Hijos de Don Bosco, ubicado en Barrio Obrero. Allí ofrece tutorías gratuitas a niños de lunes a viernes y los recibe a partir de las 2:30 de la tarde hasta las 6:00 de la tarde en caso de que algún familiar no llegue a tiempo. Cruz lleva alrededor de 30 años brindando tutorías gratuitas de español, matemáticas, inglés y otras materias.
“Yo no recibo donativos del gobierno, nunca me ha dado con eso. Yo le pido a los papás una aportación mensual (de $40) para comprarles, por ejemplo, las cartulinas, los materiales, el papel, las meriendas”, destacó Cruz.
En ese sentido, Lydia Platón Lázaro, voluntaria del Taller La Goyco, reafirmó por otra parte que la necesidad de recursos ausentes por otras vías se distribuye como labor comunitaria. Según Platón Lázaro, esto puede provocar un “desbalance entre la gente que tiene poder y la gente que no”.
“Si las labores del voluntariado van más allá de mi capacidad, que implica que se afecta mi trabajo remunerado o mi salud, pues hay un desbalance, lo cual pasa mucho con las mujeres”, dijo la también profesora y escritora.
Las cifras respaldan a Platón Lázaro. Según un estudio realizado en 2018 por el programa de Voluntarios de las Naciones Unidas (VNU) sobre la distribución de género del trabajo voluntario en Latinoamérica y el Caribe, estas regiones se identificaron como las de mayor discrepancia de género a nivel mundial, con un 67% de mujeres participando en estas labores.
Platón Lázaro destacó que muchas de estas mujeres laboran en la calle, realizan trabajo voluntario y, aún así, se espera que también asuman el cuidado de los niños y las tareas domésticas. “Todavía vivimos en un sistema patriarcal donde está esa doble jornada”, enfatizó.

Un reporte sobre el valor del tiempo voluntario realizado por Independent Sector en el 2025 estimó que el valor del trabajo voluntario asciende a $17.32 por hora en Puerto Rico . En un escenario como este, el trabajo mensual de María Magdalena Cruz equivaldría a $1,212.40.
A pesar de esta valoración económica, Platón Lázaro sostuvo que existe un valor del voluntariado que no es cuantificable y que continúa siendo invisibilizado, como en el caso de otras expresiones del trabajo no remunerado, como los cuidados del hogar, de la niñez, y de personas adultas mayores o enfermas.
Un Plan para Cuantificar el Trabajo No Remunerado
En 2021, la senadora del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), María de Lourdes Santiago, presentó el Proyecto del Senado 223, que proponía implementar el Plan para Cuantificar el Trabajo No Remunerado. La medida buscaba medir el trabajo no remunerado y su impacto en la economía. Fue aprobada por la Legislatura, sin embargo, recibió un veto de bolsillo por el exgobernador Pedro Pierluisi en enero de 2023.
“Hay una expresión que creo que ya está en vías de desaparecer, pero es ‘las mujeres que no trabajan’. Yo creo que son bien pocas las mujeres que no trabajan. Sobre todo en generaciones anteriores ha habido mujeres que no han participado de la economía formal mediante un empleo remunerado o como gestoras propias. Pero las mujeres tradicionalmente han llevado el peso de la casa en términos del cuidado de menores”, ejemplificó Santiago. “Si esas horas se computaran y se tabularan, me parece que el hallazgo sería que las mujeres, a través del trabajo no remunerado, hacen una contribución importantísima al producto nacional”.
En jurisdicciones de Chile y República Dominicana, ha habido esfuerzos para contabilizar el trabajo no remunerado. En nuestro país vecino, por ejemplo, se identificó que, en el 2021, las mujeres asumieron un promedio de 26 horas de trabajo semanal no remunerado, en contraste con 11.9 horas entre los hombres. Se trata de una diferencia de 14.1 horas, más del doble. Sobre el trabajo remunerado, los hombres dedicaron 5.1 más horas que las mujeres.
Para la senadora, la meta a largo plazo con este proyecto era que se pudiera determinar una renta mínima para las personas que trabajan dentro de la casa o del entorno familiar. “En un país empobrecido y en un país envejecido, tenemos la situación de que quienes no trabajan y no envían su contribución al Seguro Social, en el momento de su ancianidad, van a quedar completamente desprovistas”, argumentó.
Muchas mujeres, como María Cruz, realizan trabajo voluntario desde la solidaridad y no les molesta no recibir compensación monetaria. Por ejemplo, Cruz siente alegría al ver a los niños que en algún momento enseñó a convertirse en adultos, reconociendo que contribuyó a guiarlos por el camino del bien. “Me abrazan y me dicen: ahora soy esto, gracias a lo que tú me enseñaste”, relató.
La senadora, por su parte, enfatizó que es fundamental reconocer el trabajo no remunerado, porque de no hacerlo se invisibiliza y se condena a las personas a la pobreza.
A juicio de Platón Lázaro, un esfuerzo de este tipo no resulta exitoso porque a nivel gubernamental “conviene invisibilizar porque habla de la carencia”. Visibilizar, para el Estado, sería aceptar que “tú (gobierno) tienes un problema de infraestructura más grande y un problema social mayor”.
“Vivimos en tanta carencia que casi todo lo que recibimos viene de una labor comunitaria”, reflexionó la profesora.
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