Thursday, February 12, 2026
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Bad Bunny ante la mirada del mundo


Bad Bunny encabezará el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl Foto: captura de pantalla

No es noticia nueva, Bad Bunny protagonizará el evento de medio tiempo del Super Bowl. Llegará al escenario más importante del entretenimiento estadounidense cargando el peso de representar, en horario estelar y en un país que aún discute el uso del idioma con la misma intensidad con la que discute sus fronteras, a un artista cuyo repertorio se afinca, precisamente, en el español.

Si algo ha enseñado el espectáculo de medio tiempo es que no basta con cantar temas exitosos y marcharse de la tarima a secarse el sudor. Hay que construir un relato seductor paralelo que cautive una audiencia que, en el caso de Bad Bunny, está dividida entre una fanaticada con altas expectativas y críticos escépticos. El equipo de Bad Bunny no solo sabe eso, también ha sido exitoso desarrollando estrategias de mercadeo quirúrgicas en torno a la figura del exponente urbano que dejan la boca abierta hasta en los detractores de su carrera. Sobre el espectáculo, en una entrevista reciente, Benito dio un atisbo en la que aseguró que “será una gran fiesta, con mucho de mi cultura”. Eso nos deja haciendo lo que deportes como el fútbol estadounidense y el pop fabrican mejor, pronósticos y especulaciones.

A juzgar por sus expresiones la versión más evidente del show -y quizás por ello la más probable- es una presentación carnavalesca con la integración de instrumentos caribeños, visuales de Puerto Rico y coreografías que coqueteen con la bomba, la plena y la salsa. Durante la exitosa residencia musical en San Juan, Bad Bunny utilizó la identidad cultural como museo vivo a a la vista de los ojos del mundo. Replicar eso en un escenario distinto y masivo como el Super Bowl, podría ser un cierre con broche de oro coherente del ciclo iniciado con el álbum Debí tirar más fotos. La pregunta es, cómo lo hará, frontalmente o mediante una versión diluida que considere la diversidad, la amplitud de la audiencia o la conveniencia de su futuro artístico.

Posible repertorio

En la parte musical, no es ilógico pensar que el repertorio incluya temas de su trayectoria ajustados a los 12 o 13 minutos aproximados de la presentación y guiados por el mismo libreto clásico de presentaciones similares: una apertura explosiva, una parte intermedia menos eufórica y un cierre con temas icónicos que ponga a cantar hasta los que no pudieron aprender español en los cuatro meses que dio Benito.

Hay, además, un asunto poco discutido que pudiera influir – ¿o determinar? – la inclusión de temas o el contenido de estos durante el espectáculo. Gran parte de las letras de las canciones de Bad Bunny contiene lenguaje explícito o referencias sexuales, una realidad que genera cuestionamientos recurrentes. La televisión estadounidense, sujeta a regulaciones federales estrictas, no deja mucho espacio a la improvisación. Cualquier aspecto sobre este particular habrá sido acordado a puertas cerradas y no sabremos hasta el domingo. Pero, en el campo especulativo razonable, las opciones se reducen a unas cuantas. Partes o versiones limpias, arreglos nuevos, o una selección de temas menos ofensivos para ciertos sectores de la audiencia que, por cierto, incluye a millones de menores de edad. Nada, que tener un beep sonando cada quince o treinta segundos tampoco es atractivo para una presentación televisada de este calibre y dudo mucho que haya sido un aspecto ignorado.

¿Invitados especiales?

Con su nivel de popularidad, Bad Bunny no necesita a ningún artista como acompañante especial para que su presentación sea exitosa. Si hay o no invitados especiales este es otro de los secretos más resguardados del equipo del artista y los organizadores del evento. Solo nos queda especular y opinar, una vez más. Es probable que todo estará diseñado a partir de la estrategia general concebida para el espectáculo y para la carrera artística del vegabajeño. Pero, la mera presentación de Bad Bunny es de por sí una poderosa declaración. Un hijo del Caribe, proveniente de una colonia subordinada, hoy conquista un espacio antes exclusivo para personalidades del mercado anglosajón. Y en un escenario que incluya a otros colegas de América Latina, igualmente vilipendiada por el imperialismo a lo largo de su historia, el mensaje de tal proclamación retumbaría aún más.

Si nos vamos por el razonamiento comercial, ya muchos nombres se han discutido en plataformas digitales y medios especializados. Cardi B, Rauw Alejandro, Shakira, Jennifer Lopez, Marc Anthony, Young Miko, Romeo Santos, J Balvin, Drake, Post Malone, Lady Gaga. La lista puede ser más extensa y algunos artistas más probables que otros. De incluir a algún artista estadounidense como los últimos tres mencionados -contrario a lo expuesto en el párrafo anterior- pudiéramos pensar que la estrategia del equipo musical de Bad Bunny estaría centrada en sumar audiencias o en suavizar la incomodidad que generó su selección en sectores conservadores y la derecha estadounidense como el mismo presidente Trump que catalogó la elección como ridícula.

¿Habrá acto político?

La elección de Bad Bunny fue leída, para ciertos sectores, como una provocación cultural. Incluso hay mucho ruido político, llamados al boicot desde la derecha estadounidense y hasta la organización de un espectáculo alterno. Pero sí, hay espacio para un discurso frontal porque Bad Bunny siempre sorprende como su mensaje en los Grammy, pero tampoco se pueden subestimar las condiciones impuestas, si algunas, por la maquinaria de la NFL, o el criterio del equipo de Benito sobre qué resulta más conveniente para su carrera artística de aquí en adelante.

Un acto o denuncia política no tiene que ser necesariamente verbal. Un show de Bad Bunny enteramente en español en la vitrina más anglosajona del entretenimiento deportivo ya es, definitivamente, una patada al tablero. Y si la gente de Bad Bunny determina enfatizar el evento en Puerto Rico -bandera, música, próceres, la diáspora o referentes visuales del archipiélago- dirá muchísimo, porque normalizar lo que siempre se miraba como excepción es un logro en este contexto.

Coincido con quienes apuestan a que, de haber expresiones políticas, lo más probable es que estén visibles sin restar protagonismo al espectáculo. Una imagen, una frase en las pantallas como en la residencia, una dedicatoria a Puerto Rico, América Latina o las comunidades migrantes. Elementos que hablen al corazón del público latino y a otros que se identifican particularmente por los tiempos convulsos que vive EEUU por las redadas, arrestos y hasta muertes tras la puesta en marcha de las políticas migratorias de la administración Trump. ¿Un llamado a la reconciliación? ¿A la erradicación del racismo y la xenofobia?

El Super Bowl suele coronar a quien ya es gigante en la música, pero también puede redefinir la escala. Para Bad Bunny, el riesgo no es si dará la talla, eso casi nadie lo duda, sino que el mainstream intente convertirlo en insignia domesticada o en un afiche de diversidad. Es lo menos que queremos y deseamos.

Mencionamos algo al comienzo, la clave está en cómo se presente y se proyecte, y la ruta que decida transitar de cara al futuro. Si como producto global aceptable o como artista caribeño que hace lo que le da la gana sin encomendarse a nadie. Benito Antonio Martínez Ocasio tiene ante sí esa oportunidad nunca vista. Ser el artista que no meramente cruzó al mainstream, sino el artista que forzó el mainstream a sus pies, y en sus propios términos.

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