Monday, March 9, 2026
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La magia de lo artesanal en el menú


Dennise Y. Pérez

Hay una palabra que, cuando aparece en un menú, suena sexy y está muy de moda. La palabra artesanal.

Pan artesanal, helado artesanal, croquetas artesanales, salsas artesanales, pastelillos artesanales… Soy fan absoluta de lo artesanal. Lo consumo feliz, lo celebro, lo recomiendo y, por supuesto, lo fotografío antes de comerlo, porque si algo es artesanal y no se sube a Instagram,no existió.

Pero también confieso que cada vez que leo esa palabra en un menú me da una pequeña mezcla de emoción y duda. Porque lo artesanal tiene dos características inevitables, primero, que suena delicioso y segundo, que cuesta el doble.

Uno abre el menú con ilusión pensando pedir algo sencillo. Quizás un sandwich. Pero entonces aparece la descripción: “Sandwich en pan brioche artesanal con alioli de ajo rostizado, rúcula orgánica, tomate heirloom y proteína cuidadosamente seleccionada.”

Y pobre del que fue por un jamón y queso. Pero bueno, uno evoluciona. Uno madura. Uno abraza lo artesanal.

El problema es que a veces me pregunto qué exactamente significa artesanal hoy día.

Porque en esa imaginación que tengo desde niña y que mi madre me invitó a dejarla volar, yo me hago el picture de una persona con delantal lleno de harina, amasando y amasando con preciosa paciencia, probablemente al son de su música favorita, entre pasito y pasito.

Pero mi mente también imagina una situación mucho menos romántica.

Un contenedor llegando al puerto. Una caja que dice: “Producto premium — mantener congelado.”Origen: Taiwán. Y uno quisiera saber si el croissant artesanal realmente nació en una mesa de madera con mantequilla fría o en una línea de producción a miles de millas de distancia.

El término artesanal hoy tiene flexibilidad semántica. Puede significar, hecho a mano, hecho en el local, hecho en otro local. No se sabe.

Y no se queda solo en la comida. No. El movimiento artesanal también llegó a las bebidas.

Ahora uno no pide simplemente una cerveza. Uno pide una cerveza artesanal.

Y de repente el menú parece un documento científico. IPA tropical con notas cítricas, tostadas y un final ligeramente resinoso, stout artesanal con cacao, café y avena, sour fermentada con frutas que nadie sabía que podían fermentarse. Y yo que fui por una medallita. Pero tampoco puedes quedarte atrás porque el que consume cerveza artesanal lo hace con pasión. No se la toma de golpe. Huele la cerveza, la analiza, la describe. Me he cogido en momentos obligada a probar y lo único que se me ocurre decir es “qué interesante”,

Lo mismo está pasando con los jugos, con los cafés, unos prensados en frío y otros con sirop de agave artesanal. Y ni se diga de las pizzas. Yo que en otra vida fue Ninja Turtle, sé que me a encantar, pero tambien sé que a co$tar.

Yo los apoyo todo esto, solo lo analizo por la evolución de los tiempos. Me parece maravilloso que la gente se dedique a hacer cosas buenas, cuidadas, con creatividad y pasión. Pero también creo que el consumidor merece una pequeña aclaración en algunos menús de en qué consiste lo artesano, algo así como un, si quieren, en letras pequeñas como en los contratos hipotecarios. Así uno pide tranquilo.

Seguiré fiel al movimiento artesanal. Lo consumo, lo celebro y lo recomiendo. Pero no voy a negar que cada vez que veo la palabra escrita en grande, elegante y en cursivo, lo primero que hago es mirar discretamente el precio. Mientras, en mi cabeza me pregunto si esto lo hacen aquí o llegó en avión.

Las opiniones expresadas en esta columna no representan la opinión de Metro Puerto Rico.



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