Nos acercamos al inicio de la primavera y, en unos tres meses, comenzará la época de huracanes. Para la mayoría de los/as residentes en Puerto Rico, una de las preocupaciones principales durante ese periodo es la posibilidad de que ocurra un evento que ponga en riesgo la isla. Con ello, la seguridad del sistema eléctrico. Lamentablemente, y a pesar del conocimiento técnico para hacer las cosas de manera distinta, llevamos décadas sufriendo esa incertidumbre colectiva. Y la razón principal ha sido la incapacidad institucional, tanto bajo administraciones del Partido Popular Democrático como del Partido Nuevo Progresista, de poner en marcha una política energética que se adapte a las condiciones de Puerto Rico.
La historia ha sido clara: desde la década de 1980 en nuestro país, se dieron pasos notables en la experimentación con la conversión de energía solar a energía eléctrica, lo que técnicamente se conoce como energía fotovoltaica. La antigua Oficina de Energía, en cooperación con la Autoridad de Energía Eléctrica, mantuvo un proyecto en Juana Díaz, considerado, en su momento, como la central fotovoltaica más grande de América Latina. Este operó desde 1987 y, en su etapa final, produjo electricidad para iluminar 360 viviendas (Oficina de Energía de PR, 1990).
¿Y qué ocurrió con esa iniciativa, que comenzó hace 39 años y que sirvió de modelo a los demás países de nuestra región? La respuesta a esa pregunta es que no ocurrió prácticamente nada, no porque la comunidad científica puertorriqueña y los/as profesionales de la ingeniería eléctrica no continuaran con sus investigaciones, sino porque tristemente ninguna de las administraciones gubernamentales de las pasadas cuatro décadas ha escuchado a ese grupo de expertos/as que, a propósito, se han distinguido entre los/as profesionales más reconocidos/as de este hemisferio —incluyendo Estados Unidos— en el desarrollo de fuentes alternas de energía eléctrica.
Ante los vaivenes en los precios de los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural), ninguno de los cuales Puerto Rico produce, nuestra sociedad ha sido víctima de las determinaciones erradas de quienes se supone que hayan articulado una estrategia para que, a estas alturas, el país sea autosuficiente desde el punto de vista energético, sobre todo gracias a los avances de la energía solar/fotovoltaica. ¡Ya es hora de cambiar el rumbo de las decisiones sobre un aspecto en el que se nos va la vida como pueblo!
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