Decenas de niños corren por la Plaza Antonio R. Barceló en Barrio Obrero. Los jóvenes bailan y los adultos mayores escuchan una obra teatral del Proyecto Educativo Caño Martín Peña; se trata del cierre del cuarto Festival de la Fundación de Barrio Obrero.
“El caño que antes nos dividía, ahora nos une”, dice Awilda Camacho, presidenta del Grupo de las Ocho Comunidades Aledañas al Caño Martín Peña Inc. (G-8) y de la Junta de Barrio Obrero Oeste Se Reinventa, Inc.
Antes de que las comunidades se organizaran a través del G-8 hace alrededor de 25 años, el Caño Martín Peña marcaba una desconexión entre las comunidades. Incluso al interior de Barrio Obrero, al norte del cuerpo de agua, los más apegados al mangle eran tratados con cierto menosprecio, cuenta un antiguo residente a un grupo de estudiantes. Sugiere que queda algo de eso, aunque no tanto, y luego se une a la celebración.
Para Adrián Nelson Rodríguez Vera, vocal y parte de los fundadores de la Junta de Barrio Obrero Oeste Se Reinventa, Inc., este festival es la herramienta más grande que tienen los líderes para llegar a la comunidad, consolidar el legado compartido y “hacer que Barrio Obrero sea lo mismo de antes”.
Algo cambió en el camino. Rodríguez Vera contó que antes la comunidad se reunía más en la plaza y que, con el paso del tiempo, esa unidad se redujo considerablemente. Este festival y otros esfuerzos de organizaciones como el mismo G-8 buscan inspirar un sentimiento de pertenencia, particularmente a los más jóvenes de la comunidad. Para el cofundador, las iniciativas han sido efectivas y han provocado que los miembros de la comunidad se unan a las reuniones y esfuerzos de la organización.
“Barrio Obrero estaba olvidado, pero, ahora, con la labor del festival se ha visto un aumento en el interés de la comunidad. El viernes vimos una gran participación de los muchachos de las escuelas y, entre ayer y hoy, vimos un par de niños en los alrededores”, explicó.
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Además, el también vocal de Barrio Obrero Oeste se Reinventa, Inc., destacó que en la comunidad residen migrantes, lo que aporta a la diversidad cultural en el sector. “Aquí hay cubanos, dominicanos, haitianos y colombianos”, planteó Rodríguez.
Por otra parte, Laura Narváez Príncipe, coordinadora de Vinculación Comunitaria de la Universidad del Sagrado Corazón, explicó: “En este festival los niños aprenden de la música de la comunidad, como la plena, sobre su historia y sus lugares importantes mediante talleres”.
Según Narváez Príncipe, la comunidad se autopercibe como una sola, sin tomar en cuenta las divisiones geográficas, políticas o generacionales.
Rodríguez Vera coincidió con Narváez Príncipe, añadiendo que el festival ayuda a conectar con los más jóvenes. “Ya tengo 81 años, llevo 10 años aquí y ya estoy en el ocaso de mi vida. Tratamos (el G-8) que los jóvenes se unan a nosotros por el futuro de nuestro barrio”, reflexionó.
Al final de la jornada, fue precisamente a un joven, Jean Paul Villegas, a quien se otorgó el primero de varios reconocimientos dirigidos a líderes comunitarios y organizaciones. También se reconoció el legado a Francisco “Pachín” Fernández, Javier Matos, Lucy Torres, Nilka Marrero, Ana Rita Rivera, con un homenaje póstumo, y al Grupo de las Ocho Comunidades Aledañas al Caño Martín Peña, Inc. (G8, Inc.).
Este reportaje es producto de una colaboración entre Metro Puerto Rico y el programa de Periodismo de la Universidad del Sagrado Corazón.
