

En Ponce, el Carnaval no es solo música, máscaras y comparsas, también es un mapa de sabores que se recorre con el mismo entusiasmo con el que se sigue un desfile.
Para el historiador y arqueólogo Ernie Xavier Rivera Collazo, cofundador de Isla Caribe, la gastronomía no funciona como “acompañante” del evento, sino como parte del corazón de la tradición.
“Algo muy importante de nuestro carnaval, del vejigante y de todo esto, es la gastronomía. Está bien ligada a nuestra fiesta”, afirmó en entrevista con Sabrosia.PR
Esa conexión se nota, sobre todo, en el centro del pueblo, donde los kioscos se convierten en paradas obligatorias para completar la experiencia. Rivera Collazo lo resume como una mezcla natural entre historia y paladar.
“Toda esta gastronomía se disfruta durante toda esta semana y durante todo el año aquí en Ponce, en los kioscos que encontramos en la plaza, durante todo el carnaval, haciendo esto una fiesta no solamente cultural, histórica, sino también mezclando lo que es la gastronomía”, sostuvo.
Entre las curiosidades que destaca está la presencia de frituras y bocados que el ponceño reconoce como “bien del sur”, y que aparecen con fuerza durante los días de celebración.
“Aquí en Ponce contamos con alimentos bien del sur, como por ejemplo los famosos dumplings que se realizan con harina de maíz y se fríen”, explicó, describiendo ese antojo como parte del ambiente festivo.
A ese recorrido se suman los clásicos que en Ponce presumen con orgullo.

“En Ponce son famosos los sándwiches, que son únicos en todo Puerto Rico. También contamos con sabrosas empanadillas o pastelillos como se le conoce en otros pueblos”, destacó.
Para Rivera Collazo, estas comidas representan una forma de entender cómo la ciudad celebra, bien sea comiendo en la plaza, compartiendo en familia y dejando que el sabor sea parte del recuerdo.
La celebración, que se extiende hasta el 17 de febrero, también tiene un cierre que une tradición popular y simbolismo culinario: el Entierro de la Sardina, el último día del carnaval antes del Miércoles de Ceniza.
Rivera Collazo lo describe como un “funeral” colectivo que toma la ciudad y marca el cambio de temporada. “El martes final del carnaval tenemos una tradición bien especial que se conoce como el entierro de la sardina, es el último día del carnaval y se hace un entierro en vivo en toda la ciudad”, narró. La escena, dice, es intensa y teatral.“Todos los ponceños llegan, comienzan a llorar, a gritar, a despedir la sardina”.
La sardina no aparece por capricho. En la explicación del historiador, el ritual conecta con el inicio de la Cuaresma y con los hábitos que vienen después.
“Eso nos trae también al comienzo de la cuaresma, cuando las personas dejan de comer carne. También durante la cuaresma acostumbramos a consumir pescado”, abundó.
El cierre del carnaval no solo despide la fiesta, también cuenta, a su manera, la transición hacia un tiempo de abstinencia.
Aunque muchos asocian el Carnaval Ponceño con el vejigante, Rivera Collazo recuerda que esta tradición tiene raíces profundas, al contextualizar que la celebración se remonta a 1858 con el primer baile de máscaras en una gallera cerca de la plaza.
“El vejigante va a nacer en la playa de Ponce, porque era en la playa de Ponce donde se encontraba el matadero”, explicó, recordando que en sus inicios se usaban cuernos reales y vejigas pintadas como parte del personaje.

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