Monday, July 22, 2024
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Las memorias que me traje en la maleta

Las vacaciones terminaron.

El pasado fin de semana mi familia y yo regresamos de un corto pero bonito viaje de vacaciones. Una de las recompensas que llega de la mano del trabajo diario. Y un ejercicio de enorme ganancia. No solo por el placer que permite el ocio después del trabajo arduo sino porque vacacionar fuera de las fronteras patrias siempre es un proceso de aprendizaje como pocos, si estamos dispuestos a observar con detenimiento.

En esta ocasión hubo mucho que aprender. En primer lugar, el excelente uso de los espacios públicos que permiten que ese ocio del que hablo sea un excelente motor de desarrollo económico. A diferencia de la realidad local en la que las plazas, parques y centros urbanos son enormes espacios en desuso, en España cada espacio público es un vibrante escenario de vida en comunidad. Mientras los adultos disfrutan de una buena charla en una mesa cubierta por una sombrilla para atenuar el calor del verano, los niños corretean pocos metros tomando el control del espacio abierto. Enormes toldos son colocados de techo a techo sobre los balcones y estructuras urbanas para generar sombra y refrescar las temperaturas. En la tarea les ayuda el rocío artificial que sale de cafés, restaurantes y bares. Heladerías por una esquina, teatreros por otra…música coordinada por el gobierno del ayuntamiento o improvisada por profesionales que usan el espacio público como sala de conciertos. Como sacado de una película. De fondo, actividad economía que no ha de suponer grandes inversiones de estado. A eso añada esfuerzos puntuales como mercados vecinales, o conciertos de verano coordinados por el estado y el sector privado. ¿A caso es complicado dar forma a este tipo de escenario localmente?

En segundo lugar, lo necesario de romper la dependencia en la exportación de alimentos. ¿La prueba? Los precios de los alimentos. Aun cuando en España circula el euro y que esa moneda tiene mayor valor que el dólar (con la perdida que implica el cambio de divisas) comer en Madrid, Sevilla o Málaga es más barato que en Puerto Rico. Impensable, pensará usted. Pero, claro, si se le da pensamiento resulta más que lógico. Desde el “vino de la casa” que se produce en algún viñedo cercano, hasta las cervezas y las aceitunas de la merienda, pasando por el jamón, el pan, los vegetales y las carnes, los mariscos y los lácteos, casi absolutamente todo se produce localmente. Y eso, el lujo de obviar la mayor parte de la importación de alimentos tiene un efecto en los precios. Pero además en la calidad de los productos. Es raro ver productos congelados como parte de la oferta gastronómica. Las papas fritas, al momento. En los supermercados un cartón de huevos cuesta cerca de $3. Los buenos precios de extienden a los yogures (producidos localmente), las carnes y aceites. Según datos del periódico “La voz de Galicia” para el año 2021 España era la cuarta potencia agroalimentaria de Europa y la octava del planeta y generaba 2. Millones de empleos. Con esto, es posible comer una mesa de tres cursos y un café por el equivalente a $13. Del escenario local no tengo que contarle mucho. Usted y yo sabemos que no es posible desayunar con un dólar, si sabe a qué me refiero.

Pero mientras el tema de la independencia alimentaria se machaca desde hace años, el estado no acaba de dar forma a un plan para incentivar la economía de manera que no solo nos garantice depender lo menos posible de las importaciones, sino que ahorrarnos algunos pesos del bolsillo que ya lleva carga pesada y, con ello además, generar ingresos.

Del sistema de salud también convendría tomar nota. Que medicamentos que localmente pueden cargar con deducibles de hasta $100 teniendo seguro médico privado, en España pueden conseguirse pagando a penas 50 céntimos de euro solo con la tarjeta de seguridad social.

En fin, que se nos ha hecho creer por mucho tiempo que lo que tenemos es lo que toca. Que buscar opciones es un ejercicio que nos obliga mirar solo al norte. Pero para encontrar a veces no solo basta con mirar hacia arriba. Ampliemos la mirada colectiva que, de seguro, nos llegan nuevas soluciones a problemas viejos.



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